Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir a una de esas sesiones con varios ponentes, discursos y estilos –no diré nombres-. La sensación al salir fue ambivalente: no sé si acabé más deprimido que motivado, o más motivado que deprimido. ¿Por qué? Porque tomé conciencia de lo mal que andamos en oratoria. Siempre digo que suspendemos en oratoria por sistema, pero darte de bruces con el asunto a veces duele. No tardé en darle la vuelta al argumento: ‘si esto es así, a Teatricom le queda un larguísimo camino.’. Y, si bien eso es cierto, el dolor de cabeza tardó unas cuantas horas en desaparecer –y no es una figura retórica-.

Así que voy a dedicar el artículo de hoy a repasar alguno de los errores que presencié, con la esperanza de que eso nos vacune de cara a nuestras presentaciones futuras.

Leer mal, uno de los errores comunes. Imagen: Mihow (freeimages.com)

LEER, Y ESCUDARSE EN LA LECTURA

No hace mucho dediqué un par de artículos a este asunto. No es aconsejable leer una presentación, pero si vamos a hacerlo, mejor hacerlo bien, ¿Verdad?

Pues bien, mucha gente sigue leyendo sus presentaciones, y haciéndolo rematadamente mal. Eso sucede cuando nos escudamos en la lectura. El orador no sólo se centra únicamente en el papel, sino que parece cobijarse en él para evitar cualquier contacto con el público. Campo abonado para la monotonía, el aburrimiento y la desconexión del auditorio.

NO TENER NINGÚN CONTROL DEL TIEMPO

Como cuento en uno de los vídeos que he publicado recientemente (y sobre los que os hablaré en los próximos posts), la audiencia nos presta uno de sus bienes más escasos: el tiempo. Y es una enorme falta de respeto no controlar la duración del discurso.

El problema es especialmente sangrante cuando no estamos solos, y compartimos escenario con otros oradores. Las causas pueden ser diversas, y como este caso se dio en otras presentaciones, os hablaré con más detalle en puntos siguientes.

DEMASIADA COMODIDAD

Aunque no es tan habitual, un exceso de comodidad en el escenario también puede restarnos efectividad. El ponente en cuestión tenía una estructura (a la que no hizo caso), un tiempo asignado (que no respetó), y una serie de puntos a tocar (de los que llegó aproximadamente a la mitad). A veces el orador confía demasiado en sus habilidades y en su encanto personal; y, si bien este hombre tenía cualidades y encanto, le faltó capacidad de síntesis, concreción y efectividad. Buenas herramientas, en manos de un mal carpintero.

Y ya que estamos con los refranes:

No controlar el tiempo, otro gran error. Foto: Miguel Saavedra.

EN CASA DEL HERRERO, CUCHILLO DE PALO

Una de las presentaciones era de una empresa tecnológica. Una empresa tecnológica puntera… y hasta aquí puedo leer. Pues bien, este buen hombre hizo su presentación con unos visuales que clamaban al cielo. No entraré en su efectividad, o en su necesidad, porque el problema era otro: su pobreza. Unas captura de pantalla, unas gráficas sin ninguna gracia… y ya.

Seamos serios, ¿De verdad viene usted a hablarme de una empresa como la suya con ese soporte gráfico? ¿Seguro que no podían hacerlo mejor? La respuesta es que sí. Por supuesto que sí. Podrían haber hecho unos visuales dignos del mismísimo Hollywood. Pero no los hicieron, no sé si por falta de ganas, o porque el público allí convocado no merecía la molestia… No sé cuál de las dos me parece más triste.

“MI” PRESENTACIÓN

Relacionado también con el tiempo. El ponente ha preparado su presentación. La presentación que él quiere hacer sin tener en cuenta a quien le escucha. Ni en cuanto al tiempo, ni en cuanto a los contenidos. Por mucho que el orador pueda tener buenas dotes de comunicación, es muy difícil que conecte con nosotros si no se ocupa mínimamente de hacerlo. Es básico para hacer una buena presentación plantearse mínimamente quien va a escucharte. Debes hacer los contenidos interesantes, más que para ti, para quien vaya a verte.

Mucho camino, ¡y muchas ganas de recorrerlo! Foto: Paco Cepas.

ME LO HE PREPARADO VIENDO EN TAXI

Otro de los errores más comunes es dedicar poco tiempo a la preparación. Y las buenas presentaciones requieren tiempo. En ocasiones mucho.

Sigue habiendo oradores que piensan que el día de la presentación los poseerá el Dios De Las Presentaciones, que hará que su discurso sea efectivo, emocionante, útil y memorable. Y el tal Dios, querid@ amig@, no existe. Si quieres hacer un buen discurso, no te queda otra que trabajarlo.

Vi otros problemas, pero estos 6 son, a mi juicio, los más graves. Efectivamente, a Teatricom le queda muchísimo camino… ¡Y a mí muchísimas ganas de andarlo!

“A más ver…”

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