Segundo y último artículo sobre las lecciones que podemos aprender de la mítica película de Ridley Scott. La semana pasada vimos dos de los consejos fundamentales. Vamos a por los dos últimos: Alien. Imagen: YouTube.com

ALIEN Y TU SOPORTE GRÁFICO

Comparo muchas veces la utilización de los efectos especiales en las películas con la del soporte gráfico en las presentaciones. ¿Cuántas veces salimos del cine pensando “muy chulos los efectos especiales, pero la historia no me ha interesado”? Deberíamos evitar a toda costa que eso nos pase en una presentación.

Saco esta cita de Wikipedia. Es de Ron Cobb, uno de los responsables de los decorados y de las naves que vemos en Alien, y me ha encantado:

Detesto las películas que son tan frívolas y que dependen completamente de sus efectos visuales, aunque lógicamente las películas de ciencia ficción son populares por ello. Siempre he creído que hay otra manera de hacer esto: hacer mucho esfuerzo para crear toda la atmósfera de la nave, del viaje espacial o de cualquier escenario fantástico que puedas imaginar en lo más convincente que se pueda, pero siempre en un segundo plano. Esto permite que la historia y los personajes salgan a flote y ellos puedan ser más reales.

Ron Cobb sobre sus diseños para Alien

No puedo estar más de acuerdo. Siguiendo con la comparación, no deberíamos depender del multimedia. Es un magnífico recurso, por supuesto, y con un gran potencial, siempre que no se convierta en la razón de ser de nuestra presentación.

Ron Cobb lo explica brillantemente. Al igual que los efectos especiales, el multimedia nos ayuda a hacer más creíble, clara, amena y efectiva nuestra presentación… pero siempre en un segundo plano. Lo que realmente importa es tu mensaje. Y es el que ha de salir reforzado por los visuales. Si sólo están “porque toca”, o no aportan nada útil, es mejor que te los ahorres.

Inicio de la peli: con lo tranquilitos que estan... Imagen: YouTube.com

ALIEN, Y SU GIRO FINAL

Visto ahora, 35 años después, el final de la peli podría parecer de lo más tópico: justo cuando parece que está todo resuelto, la bestia vuelve a aparecer para poner a la protagonista en la peor de las situaciones posibles. Y sí, es tópico. Pero ¡qué bien resuelto está!

En una ocasión, Mario Gas, uno de los directores teatrales más brillantes de este país, me dijo algo que no se me olvidará fácilmente: “El teatro está hecho de tópicos bien resueltos.” Una lección que recordaré siempre.

Tendemos a considerar los tópicos como algo negativo, cuando no tienen por qué serlo. Según Lluís Pastor, autor del libro “Retórica exprés”, ya en la antigua Grecia bautizaron los tópicos como “lugares comunes”, o “argumentos multiuso”. Esto es, argumentos pertinentes sea cual sea el tema de nuestro discurso. En la antigua Grecia, la palabra no tenía ninguna connotación negativa; y no veo por qué ha de tenerla ahora.  Los argumentos, aunque sean recurrentes, siguen siendo argumentos, y no hemos de descartarlos simplemente porque el público pueda preverlos. Si están “bien resueltos” (presentados con gracia, y son oportunos), el público incluso va a agradecerlos.

Final: ¡Vaya susto le espera a la pobre! Imagen: YouTube.com

Volvamos a Alien: situación previsible y tópica de las pelis de terror: reaparición del “malo” que pensábamos muerto. Bien, ¿Cómo la resuelve Ridley Scott? Con mucha calma. Podría habernos dado un susto de muerte con la aparición por sorpresa del monstruo, y un efecto de sonido, pero no. El director hace todo lo contrario. Lo que parece un tubo de la ventilación es en realidad la cabeza de la bestia… Y la bestia no tiene ninguna prisa. Está sola, con la chica a su merced. Puede tomarse su tiempo. Y ¿Qué hace la protagonista? Pensar muy rápido, y moverse tan lentamente como le es posible. También con calma (aunque por otros motivos). Sabe que el bicho es mucho más rápido que ella, y que en el cuerpo a cuerpo no tiene ninguna oportunidad… Tendrá que buscar otra forma de derrotarlo.

Por tópica que pueda ser la resurrección de Alien, Scott nos la presenta de una forma magistral, única y coherente. Y ése es el verdadero valor de cualquier argumento. Si lo presentas así, no tengas miedo de que sea un lugar común. De hecho, será mucho más efectivo que un argumento más original presentado sin oportunidad ni coherencia.

“A más ver…”

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