Uno de los caballos de batalla de cualquier orador es la utilización de su herramienta expresiva. Su voz, y su cuerpo. De su uso adecuado va a depender el triunfo o el fracaso de tu presentación. ¿De verdad es tan importante? ¿Tanto como para que haya departamentos dedicados a su estudio en universidades? ¿Tanto como para que haya cursos especializados, o incluso entrenadores personales?

(¿De verdad necesitas la respuesta?)

 LA MAGNITUD DE LA TRAGEDIA

Invertimos mucho tiempo en aprender a comunicarnos. Foto: Meral Akbulut.

Somos animales sociales, y en sociedad la comunicación es fundamental. En nuestra infancia invertimos mucho tiempo (aunque ahora no lo recordemos) en aprender a comunicarnos. Alguien podría decir que los invertimos en aprender nuestro lenguaje, pero eso sólo es una parte. Aprendemos a identificar tonos, sonidos, volúmenes, intensidades. Aprendemos a diferenciar actitudes, gestos. A diferenciar una bronca de una muestra de afecto. A detectar el humor de papá tan sólo por el modo en que nos coge en brazos.  No sólo estamos aprendiendo un idioma: aprendemos comunicación.

Diferenciar los distintos aspectos de la comunicación interpersonal es algo que, hasta hace relativamente poco tiempo, no nos ha interesado demasiado. Es en la década de los 50 del pasado s.XX cuando empiezan a publicarse los primeros estudios rigurosos… Y los descubrimientos nos dejaron atónitos.

Sin entrar mucho en detalle (ya que no es el objeto de este artículo) os diré solamente que, en determinadas situaciones, el componente no verbal de la comunicación puede suponer más del 90% del mensaje… Y, efectivamente, merece toda nuestra atención.

PARALENGUAJE Y COMUNICACIÓN NO VERBAL

Imaginaos que un mecanógrafo “picara” en un teclado vuestro discurso. El resultado de su trabajo (habilidad que siempre me ha causado cierto estupor) sería el mensaje de vuestra presentación. Si grabáramos sólo el sonido de vuestra intervención, estaríamos registrando el paralenguaje (el ritmo del discurso, el tono, las pausas, etc..). Y si grabáramos sólo la imagen, estaríamos registrando vuestra comunicación no verbal (mirada, gestos, desplazamiento, posturas, etc…)

Así, vemos que en nuestra presentación no sólo debemos ocuparnos de lo que decimos, sino que también debemos ocuparnos de cómo lo decimos.

EL USO “ORDINARIO” DE TU VOZ Y DE TU CUERPO

Aprende a usar tus herramientas de forma consciente y específica.

Nuestra voz y nuestro cuerpo necesitan comportarse de forma específica en situaciones determinadas. Y ahí está el reto: aprender a usar de forma especial elementos que usamos a diario de forma casi inconsciente (el paralenguaje y la comunicación no verbal).

Como he mencionado al principio, aprendemos a usar estos elementos de la comunicación personal desde nuestra más tierna infancia. Y sabemos hacerlo. Sabemos perfectamente cómo dar un mensaje concreto. Usamos la comunicación no verbal y el paralenguaje sin saber siquiera que existen, y mucho menos su nombre. Y los usamos bien. Cumplen su función. En la mayoría de los casos, lo que queremos decir llega con claridad… Y si no, siempre tenemos la oportunidad de aclararlo.

No obstante, en un escenario, la cosa cambia. Si fallamos en la concreción de nuestro mensaje, si nuestro público entiende algo distinto, no tendremos oportunidad de rectificar. Por supuesto, está el turno de preguntas, pero eso sólo nos permitirá aclarar algunas dudas puntuales: debemos trasladar a la audiencia exactamente lo que queremos decir, y ninguna otra cosa.

En otras palabras, necesitamos hacer un uso extraordinario de la voz y del cuerpo. No en el sentido de magnificencia, o de espectacularidad. Pero sí extraordinario en el sentido de “no ordinario”. No el uso que hacemos cada día. Un uso específico para una ocasión específica.

EL MENSAJE INEQUÍVOCO

Evita expresar sólo tu estrés. Fuente: Wikipedia.

A mí me gusta llamarlo así. El mensaje claro, eficaz y diáfano.

En un escenario necesitas poner toda tu atención en que paralenguaje y comunicación no verbal proyecten exactamente lo que quieres comunicar a la audiencia.

Eso requiere un entrenamiento básico. El entrenamiento actoral es, desde mi punto de vista, el más adecuado. Necesitas tomar conciencia de todos los mecanismos que utilizas casi inconscientemente. Necesitas usarlos con un propósito, con una intención clara y concreta. Necesitas hacer que todos los elementos a tu alcance conspiren contigo. Que todo lo que comunicas (conscientemente) vaya en la misma dirección.

Lo contrario es desatender elementos fundamentales de la comunicación… O aún peor: que esos elementos sólo dejen ver tu estrés. Tu nerviosismo: sin duda, tu más que probable estado de ánimo cuando subas al escenario.

“A más ver…”

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