Uno de los fenómenos que hace que más discursos fracasen.

Cuando haces un discurso, tú eres el único responsable.

A veces hablas en nombre de un equipo, o de una empresa. A veces en nombre de un proyecto, de una estrategia, de una idea de futuro… Pero siempre hablas tú. Siempre eres tú el protagonista. Y siempre eres el responsable último de lo que dices y de cómo lo dices. De que la gente entienda tu mensaje de forma clara, y a ser posible que hagan algo al respecto.

TODO LO QUE ‘HAY QUE DECIR’

Pero claro, hablas en nombre de tu empresa, y debes contar su historia y sus números (por si alguien no los conoce); hablas de tu equipo, y los nombras uno a uno (con sus cargos y currículum, no sea que alguno se ofenda); hablas de un proyecto, y hablas de la historia de la empresa y del equipo (por los motivos anteriores); hablas de una idea de futuro, y te remontas al inicio de los tiempos (a ver si la gente no va a entender que estás hablando de futuro)…

Todo ello, sin contar con los ‘inputs’ que te vengan de otros departamentos o personas: los de marketing que incluyas la nueva campaña, el jefe que menciones la remodelación de la planta (ya que vienen los alemanes), tu departamento que no olvides mencionar el proyecto del año que viene…

Y entre todo lo que ‘hay que decir’, te olvidas de lo fundamental: la idea. El mensaje. Y el hecho de que estás ante un grupo de personas a las que debes trasladar ese mensaje.

LO PREVISIBLE NO ES NADA INTERESANTE

Que te presentes tú, o tu equipo, o la historia de la corporación no es nada interesante, porque es lo que todo el mundo espera. Porque es lo que todo el mundo haría, y porque es lo que todo el mundo presume que harás (y la mayoría de las veces ¡aciertan!).

Cuanto más previsible sea tu contenido, menos interés tendrá. Es así de sencillo. Piensa en películas, en novelas, en series… Continuamente juegan con nuestra sorpresa, porque saben que eso nos mantendrá atentos. Y eso no interfiere:

  •          ni en las historias que nos cuentan
  •          ni en su mensaje

Por eso te propongo lo mismo. Cuéntales el proyecto, la idea o la estrategia, pero intenta sorprenderlos. Busca cosas que no esperen. Para ello, tres sugerencias:

  •          Deja todo lo que 'hay que decir’ para más adelante.- Lo peor de ese tipo de información (protocolaria, y no muy relevante a efectos de tu mensaje) es que normalmente la servimos al principio, no sea que se nos vaya a olvidar, y eso nos hace perder una oportunidad de oro: captar la atención desde el minuto ‘0’. El inicio es momento en que más atención vamos a recibir de nuestra audiencia; por tanto, valora la posibilidad de incluir esa información más adelante.
  •          Si no te interesa, declina amablemente.- A la hora de trasladar ese mensaje, puede que te interese incluir la nueva campaña de marketing y dirigirte a los amigos que han venido desde Alemania, o puede que no. Otra versión de todo lo que 'hay que decir’ son los contenidos ‘heredados’, y es posible que te veas obligado a declinar amablemente las sugerencias de otros equipos, del tuyo propio, o incluso de tu jefe… Por supuesto, valora tus opciones, y sé prudente (sobre todo ¡con tu jefe!); pero no olvides que establecer una comunicación más viva y efectiva con los demás pasa por servirles tus ideas de forma clara y convincente. Y todo lo que no sirva a tu idea central, desviará el foco y hará perder efectividad a tu presentación.
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  •          Mójate.- La última consecuencia de todo lo que 'hay que decir’ es, quizá la más significativa: y es que el contenido protocolario y el heredado a ti tampoco te importan. Y es una pésima idea incluir en nuestro discurso elementos que a nosotros mismos nos parecen superfluos. Es imprescindible mojarse, y contar cosas relevantes; cosas que nos interesen, nos importen, nos motiven… Así conseguirás dar a tu discurso una visión personal, sumarle tus valores, tus puntos de vista, tus emociones. Y así conseguirás conectar realmente con quien te escucha.

No olvides que tú eres el único responsable de tu discurso. Y tu prioridad no debe ser ‘contar todos los antecendentes’, o contentar a todos los equipos: tu prioridad debe ser compartir tus ideas de forma clara y comprensible con quien te escucha. Que tu idea llegue, funcione, conecte… Y a poder ser que genere movimiento.

‘Emitiendo desde Broadway con Wall Street. El punto donde se encuentran los mundos de la interpretación y los negocios.’

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