Un sueño. Ni más ni menos. Para cualquier interesado en el mundo de la oratoria, y aún en el mundo de internet y en la difusión de ideas, participar en un TED es algo que confiesas en la intimidad; que no te atreves a pensar seriamente… ¡Hasta que aparece!

Desde la vuelta de vacaciones estoy viviendo, profesionalmente, cosas hermosas.

Y sin duda, una de las más destacables ha sido ayudar a Vicki Bernadet a preparar su intervención en TEDxMadrid. Y tienes toda la razón: yo no hice la charla; pero siento casi como propio lo que ese día se vio en el escenario. Y además, qué diablos, no quiero que te pierdas este artículo -y ya sabes que no me duelen prendas a la hora de captar tu atención-. Así que sigue leyendo:

VICKI

Vicki Bernadet es una persona extraordinaria. Valiente, generosa, honesta, luchadora, vital… Y muy divertida. Y a mí estas personas me pueden. Pero no se vayan todavía, ¡aún hay más! Lidera la fundación que lleva su nombre, y se dedica a la lucha contra los abusos sexuales a menores. En diferentes ámbitos de actuación, desde la prevención al tratamiento, pasando por la relación con las instituciones y la sensibilización social sobre ese asunto. Un tema ante el que, desgraciadamente, la mayoría prefiere cerrar los ojos.

Siendo así las cosas, no es de extrañar que TEDxMadrid se interesara por llevarla como ponente a su último evento, bajo el lema de la confianza.

NUESTRO TRABAJO

Como cabeza visible de la organización que lidera, Vicki está muy acostumbrada a dar charlas. Y su credibilidad, espontaneidad, fluidez y empatía son envidiables. Eso saltó a la vista en nuestro primer encuentro. Su mensaje es claro, rotundo; y está tan interiorizado que casi forma parte de su ADN. Teniendo todo eso en cuenta: ¿cómo es posible que necesitara ayuda para preparar su TEDxMadrid?

EL OBJETIVO

Con todas esas cualidades de base, Vicki tenía un problema: iba a hacer un TED. Y un TED ha de durar exactamente 16mins. Ni más ni menos.

Ella está acostumbrada a lo que podríamos llamar el ‘free-speaking’: a dar su mensaje de diferentes formas según la ocasión y la audiencia. Ella misma ha sido víctima de abusos, y lleva años hablando sobre eso. Su fundación recaba los datos, investiga cómo superar el problema, cómo prevenirlo… De forma que sabe perfectamente qué idea exponer en cada momento; tiene una gran batería de historias, datos y argumentos para sostenerlo; y con todo ese background, necesita sentirse libre y espontánea. Contar las cosas en un orden distinto, con ejemplos diferentes o con nuevas citas y ejemplos, para así comunicarlas de forma más viva.

¿Haría bien en tener un guion? Por supuesto. Pero esa era la forma en que está (o estaba) habituada a comunicarse en público.

Con un tiempo limitado y con tanto que explicar, Vicki NE-CE-SI-TA-BA un guion. Y ése fue el reto: aprovechar sus muchas facultades en una charla mucho más dirigida, más marcada; en definitiva, con un guion estricto.

LA FÓRMULA MÁGICA

Con semejante panorama, sólo nos quedaba… lo de siempre. Trabajar; practicar; repetir. Una y otra vez. Ella, por su cuenta, memorizando el guion, repitiéndolo religiosamente cada mañana, tarde y noche. Y en las sesiones conmigo, repitiendo el inicio, el final, tal tramo o tal otro, dándole a cada momento su importancia, sacándole punta, perfeccionando todo lo posible; trabajando las claves que le permitieran ser ella misma, y sentirse tan cómoda y espontánea como si cada idea estuviera apareciendo en ese mismo instante.

Así hasta el día ‘D’.

Vi la charla en directo, aunque desde casa. Y entiendo a los muchos directores con los que he trabajado que, el día del estreno, prefieren irse del teatro: ver en directo el fruto de tantas horas de trabajo SIN PODER INTERVENIR crea una impotencia enorme. Y sufrí un poco. Y di algún grito. Y no pude estar sentado, y me quedé sin uñas.

Pero después de todo, sentí una enorme satisfacción. No sólo el íntimo orgullo de ver a alguien que has preparado hacer una gran intervención; también por haber puesto mi granito de arena en la difusión de un mensaje más que necesario.

Y por haber forjado una grata amistad en el proceso.

‘A más ver…’   

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