El pasado día 26 tuvo lugar el primer debate a las próximas presidenciales de EEUU. Uno de los debates más vistos de la historia, y más seguidos en todo el mundo. Hoy, mi particular análisis del momento clave que marcó el debate.

Según encuestas en periódicos de aquí y de allá, Hillary Clinton le ganó la partida, en este caso, a Donald Trump. Y digo ‘en este caso’ ya que quedan dos debates aún por librarse y más de un mes para las elecciones, y eso en política es mucho, mucho tiempo. Aun así, como digo, la unanimidad da la victoria a Clinton, y tampoco hay que desmerecer el hecho de empezar ganando una batalla de estas características.

Se presentaba el debate entre ‘la veterana política’ y ‘el animal televisivo’, en alusión a las potencialidades de cada uno. Eso de los debates, no nos engañemos también vende… Y el caso es que la política veterana le dio una lección (y de las buenas) al animal televisivo.

15mins

Sabemos lo que pasó, y para conocer los pormenores del debate te remito a las plataformas online. Yo lo que voy a contarte es que se mascaba la tragedia para Trump desde el minuto ‘0’. Que Clinton se impuso sin discusión desde los primeros momentos. Y eso no tuvo nada que ver con el ‘QUE’ dijo, sino con el ‘CÓMO’ lo dijo. Por eso voy a centrarme en los primeros 15mins de ese debate, y en lo que en él se vio.

TRUMP, ‘EL ROOKIE’

Es innegable. Comparado con Clinton, la actitud con la que Trump se expresaba era la de un novato. Es un muy buen comunicador, por supuesto: su discurso influye en millones de personas. Pero usa su voz de forma monótona, y no articula tan bien como su contrincante. No proyecta demasiado la voz (y respirar más profundamente le ayudaría). Su gesto facial, entre la sobriedad y la preocupación, se aproxima en ocasiones al cabreo. Y si bien no tuvo ninguna salida de tono, la forma como se agarraba al atril, esa gesticulación con la que tanto apunta o señala, y ese balanceo que en ocasiones se traslada a su cadera, y en ocasiones a sus hombros, no hacían más que señalar que no estaba en su mejor momento. Que hacía esfuerzos por intentar imponerse -y si eso pasa, es que sabes que estás perdiendo-.

CLINTON, ‘LA TEACHER’

Así se dirigía en ocasiones Clinton a Trump: como si fuera una maestra. Y hay que reconocer que lo es. Y eso marcó, para su beneficio, la relación que estableció con el oponente. Con un uso majestuoso de la voz, con una articulación y una proyección dignas de la mejor cantante, con un gesto facial sobrio pero amable, sonriente en ocasiones (te remito a mi último artículo sobre eso), equilibrada de cuerpo, con una gesticulación medida (y aún a veces escasa), Clinton mostró en todo momento que dominaba la situación. Que emocionalmente estaba por encima de su oponente. Permitiéndose incluso aleccionarlo: haciendo su propia introducción al debate (aparte de la del moderador), citando su web o llamando 'Donald' a Trump (cosa que, por lo visto, le molesta bastante...)

TODO EMPEZÓ EN EL MINUTO ‘0’

Pues bien, desde mi punto de vista esa dinámica ‘alumno-maestra’ o ‘novato-experta’ empezó antes de las palabras: con la entrada de los candidatos al escenario. Clinton entró segura y sonriente; con paso firme. Y Trump con pasos algo más dubitativos, gesto serio y los brazos algo tensos. Y todo tomó forma cuando se saludaron: y es que Clinton, aun teniendo el paso más corto, ocupó el centro del escenario. Ganado protagonismo, y ganando terreno físico. Saludó a Trump, e inmediatamente al presentador. Miró a la audiencia. Se adueñó de la situación. Y a partir de ahí, Trump no pudo más que ir a remolque.

E incluso sintiendo que le estaban ganando la partida, el republicano no fue capaz de sobreponerse a ese primer saludo y al dominio territorial que impuso su oponente.

La importancia de las pequeñas cosas (y no tan pequeñas).

‘A más ver…’

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