La monotonía es la enemiga de la atención. Tu público desconectará muy rápidamente si no encuentras formas diferentes y variadas de contar las cosas. Hoy voy a hablarte de una variación deliciosa, que rara vez se tiene en cuenta.

Un elemento fundamental en las representaciones teatrales es el ritmo del espectáculo. Y eso es aplicable a otras formas de narrativa: novela, cine, series… La razón es bien sencilla: los diferentes actos, capítulos o secuencias explican momentos diferentes de la vida de los personajes. Y en esos momentos, los hechos transcurren de forma más tranquila o más acelerada.

Si imaginamos una película, es muy frecuente que una escena de amor transcurra a un ritmo mucho más lento que una persecución intergaláctica. Los distintos ritmos harán esas escenas más coherentes y creíbles, mejorando la conexión emocional de la audiencia con la historia… Y captando su atención: el contraste de unos ritmos con otros mantendrá al público interesado en lo que pasa a continuación.

Así, las variaciones de ritmo también ayudarán a mejorar esos aspectos en nuestra presentación en público.

RITMO Y PRESENTACIONES

Si bien el ritmo de una presentación no afecta sólo a tu voz, es uno de los aspectos más obvios en los que puedes incidir: explicar las cosas con más o menos velocidad es una forma evidente de variar el ritmo cuando estás en escena.

Para hacerlo, nunca debemos perder de vista que hay un estándar: tus palabras deben poder oírse con claridad hasta el final de la sala. La articulación debe ser clara, y el volumen adecuado: eso no admite discusión. Pero, como te contaba al principio, no debes mantener un ritmo demasiado uniforme si no quieres que la audiencia se te duerma.

EL RITMO GENERAL

Es la velocidad de crucero de tu presentación. Y una buena idea es tomar como referencia el estándar que te mencionaba: un ritmo (siempre) audible y comprensible. No pierdas de vista que será sensiblemente más lento que tu velocidad de habla habitual. Deberás articular de forma más lenta, aunque vayas amplificado.

EL RITMO DE CADA BLOQUE

Al igual que las escenas de la peli que veíamos antes, es más que recomendable que cada bloque de sentido en tu presentación tenga un ritmo distinto. Ya que tu articulación debe ser siempre clara y comprensible, podrás acelerar más bien poco. Por eso te recomiendo que, más que en la velocidad, incidas en la lentitud. Mucho mejor que buscar los bloques en los que puedas ir más rápido, busca los tramos en que puedas ir más lento:

  • ideas-clave
  • argumentos de más peso
  • citas
  • historias…

No he hecho una lista exhaustiva: todo dependerá de los momentos a los que quieras dar más peso o importancia. Pero ralentizar el ritmo en esos (u otros) tramos, te ayudará:

  1. a dejarlos claros
  2. a encontrar el contraste de ritmos que estamos buscando.

CRESCENDOS

Otro extraordinario recurso relacionado con el ritmo: la aceleración.

Los grandes oradores (y los no tan grandes también) utilizan crescendos en sus discursos, y lo cierto es que son un recurso magnífico. La mayoría de las veces, estos crescendos no sólo tienen que ver con el ritmo: es muy frecuente que el orador, en el momento-cumbre de la intervención no sólo acelere el ritmo, sino que también suba el tono y el volumen. Eso pasa normalmente al final, y en la medida de lo posible (y siempre que te sientas seguro) te invito a probarlo.

Para hacerlo, hay un sencillísimo recurso: la reiteración. Repetir una cita, una frase inspiradora o una idea-fuerza de tu discurso te ayudará a conseguir el efecto deseado. Busca más intensidad en cada repetición: más volumen, tono más alto y ritmo más rápido. Para ilustrarlo, te dejo con una reiteración que ha marcado los últimos años de la historia. Sé que lo tendrás más que oído, pero es un crescendo memorable (escucha, sobretodo, a partir del minuto 8).

“A más ver…”

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