Una de las mejores formas de captar (y mantener) la atención de la audiencia es la variación del ritmo y del tono de tu voz. Dicho de otra forma, para evitar que tu público desconecte debes salir de la monotonía.  LA MARAVILLOSA DESCONOCIDA

Nuestra voz: una herramienta increíble y efectiva. Foto: Ryan Glanzer.

La voz humana es un instrumento increíble. No sólo por su capacidad de articular sonidos –y, por tanto, transmitir mensajes-, sino por la capacidad de modularlos. La misma palabra, dicha de un modo u otro, puede cambiar totalmente de significado. A veces usamos los insultos como tales, pero también podemos usarlos como expresiones de afecto. O podemos decir a la persona más odiada: “cuánto te quiero”, y entenderá perfectamente la ironía en nuestras palabras. Todo gracias a nuestra capacidad de modular el mensaje: de usar diferentes tonos y diferentes ritmos en nuestras palabras.

Además, nuestra voz es extraordinariamente efectiva para expresar cómo nos sentimos. Si algo nos gusta o nos disgusta, si nos apasiona o indigna, si nos entusiasma o nos enerva lo transmitimos con la voz.

Por tanto, tenemos una herramienta eficacísima tanto en la transmisión de mensajes y significados, como en la transmisión de emociones. ¿Te imaginas el partido que puedes sacarle en tu presentación?

EL MONO-TONO

Me he comido el acento, y he puesto el guion por el mismo motivo: destacar la etimología de la palabra. Monótono= un tono.

No es exagerado decir que lo que hace un ponente monótono es eso: usar sólo UN tono para contárnoslo TODO. Ejemplos, historias, ideas clave, citas, estadísticas o fotos, planteamientos o conclusiones… Todo, todo, todo (como rezaba la niña del anuncio) en el mismo tono. ¿Y qué consigue? Nada, nada, nada. Nada de destacar, nada de emocionar y nada de comunicar.

El Modo Escenario. Imagen propia.

Instalándonos en esa monotonía (tono único, ritmo único) no sólo vamos en contra de nuestros objetivos; estamos desaprovechando, despilfarrando –o tirando directamente por el retrete- la maravillosa herramienta de la que os hablaba al principio: nuestra voz.

¿CÓMO SALIR DE LA MONOTONÍA?

Variar el tono y el ritmo de tus frases no puede ser algo postizo o impuesto: nunca debe pasar porque sí. Como os contaba en la serie sobre el Modo Escenario (de hecho, creo que lo hago siempre que tengo ocasión), cualquier variación en tu expresión debe ser coherente con el mensaje que transmitas, con la idea que quieras hacer llegar a tu audiencia en cada momento.

Encuentra el tono de cada bloque.- Seguro que puedes subdividir tu presentación en diferentes bloques de sentido. Supongamos que la introducción de tu presentación se divide en tres partes: un ejemplo, que muestre el problema que tu producto o servicio va a resolver; una idea clave, que valdrá la pena que recuerden, y la argumentación de esa idea, que le dará más peso y facilitará la comprensión. Pues bien, cada uno de esos bloques tendrá un ritmo y un tono distintos. Exactamente igual que lo tendrían las 3 primeras escenas de una obra de teatro:

Busca el tono adecuado para cada bloque. Foto: Billy Alexander.

  • EL EJEMPLO.- Quizá cuentes algo que te ha pasado, o el caso de algún conocido. Si es así, un tono más cercano y empático ayudará a que la audiencia se identifique. Recuerda que expones un problema, y que tienes el producto o servicio que lo va a resolver: no tengas miedo de meter a la gente de lleno en la situación. Cuanto más se identifiquen, más brillará tu solución.
  • LA IDEA CLAVE.- Un cambio de tono y de ritmo hará que resalte como tal. Debes hacer un esfuerzo por subrayar las ideas centrales: son lo que quieres que la gente se lleve a su casa. No nos interesa mostrarnos cercanos o empáticos, sino seguros y convincentes. Claros y rotundos. Cuanto más lo seamos, más lo será la idea que queremos transmitir.
  • LA ARGUMENTACIÓN.- Ahora pasas a demostrar esa idea. Necesitas un tono más informativo, lógico. Didáctico, incluso. No temas llevar a la gente de la mano por una argumentación. Les va a encantar seguirte (siempre que el recorrido sea claro y esté bien construido).

Esto es sólo una posibilidad –entre muchas otras-, pero creo que ejemplifica bien lo que quiero trasladarte: que cada idea debe transmitirse con un tono y un ritmo adecuados y coherentes. No sólo en tu beneficio, sino también en el de la atención y la comprensión de la audiencia.

“A más ver…”

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