“A papel sabido, no hay cómico malo.” Así reza una de las citas que recuerdo de mis inicios en el mundo del teatro profesional. La frase se atribuye a Fernán Gómez… Lo cual, sinceramente, la hace mucho más atractiva. Fernando Fernán Gómez en "El Viaje a Ninguna Parte". Imagen: YouTube.

Me he permitido rescatar de mi memoria una de esas frases indelebles para un actor que comienza. Nunca la he olvidado, y hace unos 20 años que la escuché por primera vez. Supongo que algo tendrá que ver la certeza y la rotundidad del mensaje: “Chaval, si quieres hacerlo bien el primer paso es estudiar.”

La cita de Fernán Gómez me viene al pelo para introducir uno de los conceptos fundamentales (también) para cualquier orador: la memorización del discurso.

Al igual que los actores estamos perdidos si no sabemos lo que nos toca decir, el orador sufrirá lo indecible si no sabe sobre qué hablar a continuación. Y digo bien: a los actores “nos toca decir” algo. Un texto concreto, memorizado al dedillo y que ha de decirse literalmente para que la escena pueda continuar. El caso del orador es distinto: el discurso oral del s. XXI es espontáneo y natural y, por tanto, no necesita memorizarse literalmente.

Y, en mi modesta opinión, ahí está la trampa. Me explico:

SI YA ME LO SÉ!!!

Sin duda, tienes razón: los conceptos ya los conoces. Nunca te van a invitar a hacer una presentación sobre un tema que te resulte totalmente ajeno. Por tanto, conocerás las ideas. Y sabrás explicarlas sin ningún tipo de problema. Una verdad como un templo. No obstante, necesitas memorizar el recorrido que vas a hacer en tu presentación. Si la has estructurado (como espero), esa estructura, ese recorrido, es el que tienes que memorizar.

El hecho de conocer esos conceptos, no te garantiza que vayas a saber el orden en que los has dispuesto.

Imagínate que sabes el abecedario (de verdad, espero que así sea…). E imagínate que, en tu presentación no hablaras de todas las letras: sólo de la f, la g, la x, la m y para acabar de la e.

Memoriza el recorrido. Foto: Zsuzsanna Kilian.

Si el abecedario es todo tu conocimiento sobre el tema, esas letras desordenadas son el recorrido que has planteado para tu ponencia. Pues bien, como tal deberás memorizarlo: si no, es más que probable, que después de la g tengas un despiste (sí, después de la g, porque tendrás asumido que f y g van en su orden natural). Estarás perdido, sin saber cuál viene a continuación.

¿Ves por dónde voy? El hecho de conocer el tema no te exime de memorizar la exposición que has preparado, y el orden en que has dispuesto esas ideas para servirlas a tu audiencia.

MEMORIZA LOS CONCEPTOS, Y LOS ENLACES

Algo que vemos clarísimo cuando estamos sentados en nuestro despacho, de repente se nos olvida en el escenario: “¿Quién ha puesto esta diapo de la revolución francesa después de la cita de Einstein?”

Nadie ha manipulado tu POWERPOINT: simplemente veías la coherencia de esas dos ideas cuando preparabas los gráficos, y en escena has olvidado cómo enlazarlos. Por eso te recomiendo que memorices, no sólo el orden de las ideas, sino los enlaces entre ellas.

Y, ya que estamos aquí, no puedo evitar mencionarlo: NUNCA SIGAS AL POWERPOINT.

¿Convencer, o intentar recordar? Foto: Wikipedia.

Una de las grandes ventajas de haber memorizado el recorrido de tu discurso es que no te verás obligado a seguir al proyector: será el proyector el que te siga. Y así, estarás aprovechando realmente su potencial. No serás una marioneta que necesita obedecer a la pantalla (uno de los efectos más nocivos de los soportes gráficos mal utilizados) sino que serás un orador que utiliza un recurso para apoyar su discurso. Ganarás soltura, eficacia, credibilidad y (por qué no decirlo) elegancia.

TU AUTÉNTICO ENEMIGO ES LA PEREZA

… y las excusas del estilo “ya me lo sé”. Sé que da pereza ponerse a estudiar. Encontrarás mil excusas, y mil ocupaciones más interesantes: yo mismo no dudo en ponerme a hacer las cosas más inverosímiles. Pero en mi fuero interno sé que es mi obligación. Y que mi trabajo va a beneficiarse de ello.

Hay una diferencia abismal entre saber el orden de tu discurso y andar perdido buscando en los rincones de tu memoria. Si estás intentando recordar no podrás ocuparte de lo que realmente importa: transmitir tus ideas.

¿Salir a un escenario a convencer, o salir a un escenario a intentar recordar? Ésa es la cuestión.

“A más ver…”

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