Esta semana he leído, en ‘El País’ un artículo maravilloso de Patrícia Ramírez (autora admirada). De inmediato lo he compartido, porque lo bueno se comparte... Pero el alcance de la lectura me ha traído unas cuantas reflexiones imprescindibles para tu próxima presentación.

Lo primero, por tanto, va a ser enlazar el artículo del que te hablo. Para leerlo, click aquí.

Y ahora, sigamos.

Que tu presentación es importante, supongo que huelga decirlo. Por tanto no voy a insistir en el asunto. Lo realmente importante es saber si para ti aprender a hablar en público es un esfuerzo, y cuán grande sientes que ese esfuerzo va a ser.

Como sabiamente nos cuenta Patricia, la cultura ‘Rocky Balboa’ a veces es frustrante. Nos dicen y nos vuelven a repetir que el único camino para el éxito es el esfuerzo, la constancia, la disciplina y un largo etcétera. Pero ahí está ella diciéndonos que eso no es cierto, salvo excepciones. Que ese esfuerzo llega a ser contraproducente. Y yo solo puedo decir:

¡BRAVO! y ¡GRACIAS!

ESFUERZO Y RESULTADOS

Si, como a mí, te interesa la productividad y la eficiencia, sabrás que más esfuerzo NO SIEMPRE conduce a unos mejores resultados. Que los esfuerzos, en cualquier sentido, deben tener un propósito y una dirección. Y que, por desgracia, invertimos mucho tiempo en actividades que nos reportan poco (o ningún) beneficio. Ni personal ni profesional.

Por ello, en lo que a mí respecta, lo primero que debes preguntarte es si realmente quieres aprender a hablar en público.

Quizás no sea el momento. Quizás no dispongas de los recursos (ni tiempo ni dinero). Quizás es una habilidad que ‘todo el mundo’ considera necesaria, pero tú no le ves el sentido (y es que tú no eres ‘todo el mundo’). Y eso es lo fundamental: si en el fondo no te apetece, si no es el momento, si ahora mismo no encuentras el hueco en tu agenda para ello, lo más probable es que no quieras hacerlo. Estás en la zona ‘me la sopla’, y no te ofendas: es perfectamente lícito que sea así.

No obstante -y al hilo de los consejos de Patricia- ni la cultura del esfuerzo ‘porque sí’, ni el ya citado ‘me la sopla’ son lo más recomendable. Y si se trata de aprender a hablar en público, no te queda otra que ponerte a ello. Dosificandote, de forma orientada y productiva, pero ponerte a ello.

Y aún hay más posibilidades:

Es posible que, aun considerando la oratoria como una habilidad a tener en cuenta, no resulte viable aprenderla ahora: quizá sólo tienes una presentación importante a la vista, y quieres hacerla lo mejor posible. O puede ser que sólo quieras aprender algunos truquillos rápidos para sentirte un poco más cómodo y captar mejor la atención en tus presentaciones.

Pues bien, sea cual sea tu caso, yo estoy aquí para ayudarte  en 3 aspectos:

  • Aprender a hablar en público es algo que requerirá tiempo e implicación (sobre todo por tu parte).
  • Prepararte para una presentación es algo más concreto, y no requiere de tanta implicación.
  • Enseñarte algunos trucos es algo que también nos podemos plantear, aunque nos quedaremos en una zona más superficial.

Lo importante es que sepas lo que necesitas y lo que quieres conseguir. Esa es la mejor forma de alcanzar esos objetivos. Optimizando el esfuerzo. Sin agotamiento ni frustración.

Y haciéndolo de forma ‘plena, atenta y consciente. Y aumentando la sensación de bienestar, el rendimiento y la eficacia’.

‘A más ver…’

Comment