Entendemos mal eso de hablar en público. Muchas cosas pasan en un escenario; muchas cosas más te pasarán como ponente, y lo más desesperante es que la inmensa mayoría de ellas no aportan nada a tu tarea.

Como en tantas otras actividades, en la hostelería encontramos buenos y malos camareros. ¿Cómo definiríamos a un buen camarero? La primera cualidad que necesita un buen camarero es saber servir: desde las diferentes variables de los productos más demandados (no sería lo mismo trabajar en una cafetería que en un club, por ejemplo) a las diferentes variables del trabajo en sí: camarero de mesa o de barra.

Hasta aquí, mi sesuda aportación al mundo de la hostelería. Sé que los camareros del mundo me lo estáis agradeciendo…

¿Por qué hablar de camareros en un blog sobre presentaciones? Porque son el ejemplo perfecto de lo que quiero contarte hoy. A saber:

“Como ponente, tu ocupación primordial ha de ser la de servir ideas.”

Una de los planteamientos que más cambios puede producir en tu forma de presentar, si lo entiendes y lo aplicas bien. Una idea simple, pero reveladora. No estás ahí para demostrar nada a nadie. No estás ahí para sentirte evaluado, juzgado, examinado... No estás ahí para cumplir las expectativas de nadie (ni las tuyas, ni las de papá o las de mamá). Estás ahí para compartir ideas con tu audiencia; para servirlas adecuadamente.

whiskey-972936_1280.jpg

Ellos dan sentido a lo que haces, igual que el público da sentido a lo que hacemos los actores. Hacer una obra de teatro para uno mismo no tiene mucho sentido (al igual que hacerla para demostrar lo mucho que sabes, lo mucho que te esfuerzas, o lo interesante que es tu punto de vista sobre el mundo). El teatro cobra sentido ante la audiencia, porque se hace por y para la audiencia. Y poner tus energías en cualquier otra cosa que no sea hacer que el público conecte con la escena es, no sólo ineficaz, sino un mal planteamiento de base.

Pues bien, si hablamos de tu presentación, la máxima es exactamente la misma.

En tu caso, lo que compartes con ellos son tus ideas. Y es fundamental que las sirvas de la forma adecuada. Centrarte en eso, en que la audiencia capte exactamente lo que quieres en la forma que quieres, en que reciban esas ideas y las saboreen contigo, es la mejor manera de conseguir tu propósito.

Un ponente que sale a demostrar (y a demostrarse) cosas a sí mismo, está planteando las cosas de forma errónea. Del mismo modo que lo hace un ponente que sale superar un examen, o una evaluación. Y quiero que me entiendas bien: ¿quiere decir eso que tu audiencia no va a evaluarte? Por supuesto que lo hará, y de forma realmente severa en muchos casos. Sin embargo, ocupando tu espacio mental en esa evaluación (buena o mala) lo único que conseguirás es alejarte cada vez más del sentido y del objetivo que deben llevarte a un escenario o a una sala de conferencias.

El más grave error en una presentación en público es estar demasiado pendiente de uno mismo, y es un error que no debes cometer. Sé que hay muchas cosas en juego, una gran responsabilidad, demasiada presión… Aunque también sé que preocuparte de todo ello no te permitirá ocuparte de lo realmente crucial; y aún peor, no hará que tu comunicación sea más efectiva.

Céntrate en el mensaje y en tu audiencia: en lo que quieres que se lleven a casa. Es mucho más productivo, y te mantendrá vivo, capaz, activo.

Te centrarás en lo realmente importante: compartir esas ideas; servirlas con maestría.

'A más ver...'

Comment