Siempre digo que las presentaciones son algo complejo. Muchos elementos a tener en cuenta, situaciones en las que normalmente hay bastante estrés, y a las que, para más inri, no estamos demasiado habituados.

No quiero decir asustar a nadie: está dentro de las posibilidades de ABSOLUTAMENTE TODO EL MUNDO hacer una buena Presentación. Pero no debemos perder de vista que tienen su complejidad, y que, a la inmensa mayoría de nosotros, nos falta (poca o mucha) preparación. Si a eso sumamos que, -también a la inmensa mayoría de nosotros- no nos sobra el tiempo, hacer una de las buenas puede convertirse en un auténtico reto.

No obstante, hoy no quiero hablarte de tips ni de recetas. Ni de consejos sobre la voz, la Com. no Verbal, o la estructura. Quiero hablarte del ingrediente más importante. El que marca los resultados para bien… O para mal.

Estuve hablando del asunto con un buen amigo hace ya unos días. Y llegamos al asunto casi por casualidad: no era el objeto de nuestra charla. Pero él también se dedica en parte a la formación, y, ahora que lo escribo, creo que teníamos el campo abonado para acabar ‘enganchándonos’ al asunto durante más de media hora.

El ingrediente no es otro que LAS GANAS.

Es algo que he notado en multitud de ocasiones desde un escenario, pero de forma diferente. Normalmente, las funciones de teatro en las que he trabajado había más actores (a veces unos pocos más, a veces una auténtica multitud), y eso suaviza las cosas: si algún miembro del reparto ‘no tiene el día’, el problema se soluciona gracias al resto. El ‘efecto equipo’ en esos casos hace que rápidamente te contagies del entusiasmo y las ganas del resto. En las Presentaciones en Público no tenemos la suerte de trabajar en equipo. Y eso hace que el problema pueda ser más grave.

“El principal elemento de un buen discurso es el sentido de Comunicación.”
Dale Carnegie.

Las GANAS te harán ganar: marcarán la diferencia. Y es algo que muchas veces no tenemos en cuenta, porque no tenemos espacio para ello.

Muchas cosas que gestionar. Muchos objetivos que cumplir. Mucha información que trasladar. Demasiadas cosas que ocupan nuestra atención, y pueden distraernos de lo verdaderamente importante: compartir. Compartir nuestro mensaje. Hacerlo llegar. Y hacerlo con ganas, con entusiasmo, con pasión. Viviendo realmente lo que estamos haciendo. Las presentaciones son oportunidades de compartir nuestra visión del mundo. Lo que nos gusta, apasiona, inspira o motiva. Lo que nos divierte y emociona. Y también (¿por qué no?) lo que nos indigna o irrita. Eso, al fin y al cabo, es lo que nos va a hacer conectar con quien nos escucha.

La situación ideal para ello, es, por supuesto, haber hecho los deberes: es extraordinariamente difícil centrarte en compartir lo que te divierte o motiva cuando a duras penas recuerdas el orden en que vas a exponer tus ideas, o te ves obligado a seguir el guion en la pantalla. Tener estructurado, memorizado y ensayado el discurso es indispensable para poder centrarte en esas ganas. En compartir lo realmente importante. En las sensaciones que tu audiencia va a llevarse a casa.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Cómo se hace?

Desde mi punto de vista, los ensayos son la parte más importante de la preparación. Y una parte a la que, desgraciadamente, muy pocos dedican algo de tiempo. Por todo eso, y porque es imprescindible saber ensayar para conseguir resultados, he diseñado un material claro, ameno y sobre todo, práctico.

Y eso es lo que puedes conseguir a continuación. ¿Me acompañas?

Solicitud Gratuita eBook


Comment