Normalmente, identificamos el trabajo con las horas: a más horas en el puesto, más productividad. Y también identificamos las Presentaciones con la información: cuanta más, mejor… ¿O no?

Convendrás conmigo en que más horas en el puesto de trabajo no significan necesariamente más productividad. De hecho, somos uno de los países que más horas trabaja (salvando, por supuesto, los datos de paro), y uno de los menos productivos según las encuestas. Horario europeo, jornadas intensivas, flexibilidad, conciliación… Algunas empresas apuestan por importar modelos de otros países, y parece que los resultados son más que satisfactorios.

Paradójicamente (o no tanto), para producir más no necesitamos más horas: necesitamos invertirlas mejor. La productividad también pasa por el descanso adecuado, con el tiempo para uno mismo, y con la sensación de equilibrio entre nuestra vida laboral y el resto de nuestra vida (el famoso ‘trabajar para vivir, y no vivir para trabajar’). Ahora bien: ¿y si pasara algo parecido en el mundo de las presentaciones?

Acostumbramos a identificar presentaciones e información. Mucha, muchísima información (no sea que nos quede tiempo para alguna pausa). Y eso es un error desde el punto de vista estructural, además de ir en contra de nuestros objetivos.

La información debe ser la necesaria. Ni más ni menos. Los datos, por sí mismos, no convencen, y las más de las veces se convierten en una letanía que la audiencia soporta a duras penas y que para nada va a captar su atención (y mucho menos alojarse en su recuerdo). Una presentación necesita datos, por supuesto: los datos que nos ayuden a convencer. A mostrar y demostrar lo que queremos mostrar y demostrar. Pero hecho eso, deberíamos dejarlos a un lado.

La información pura y dura no hará que conectes, que emociones, que convenzas, que inspires o que motives a quien te escucha. En una presentación debe haber lugar para más cosas: para las pequeñas historias, para compartir nuestros retos y anhelos, nuestra experiencia, lo que nos divierte, motiva, seduce… Para la ‘nada’: el vacío de información.

¿Qué hacer cuando ya has estructurado la información? ¿Poner más? ¿Más datos, estadísticas, pruebas, gráficos? ¿O todo lo contrario?

Lo escuché en el programa ‘GUIA D’ORQUESTRA’ de una emisora especializada en música clásica: Catalunya Música. El programa en cuestión analizaba la estructura de la pieza ‘Peer Gynt’ de Edvard Grieg, música compuesta para la obra teatral de Henrik Ibsen (¿te apetece escucharla de fondo?). Una auténtica joya, cuyos temas seguro que has oído en mil contextos (publicidad, programas, películas…). Pues bien, me sorprendió escuchar que en determinados pasajes, el compositor no aportaba 'nada' significativo a la pieza, según los comentaristas: simplemente repetía o esperaba con variaciones mínimas, aumentando así las ganas del público de volver a escuchar el tema principal. Si algo queda más que claro en el programa es que eso, que parece muy fácil, es dificilísimo. Incluso que tanta repetición podría hacer que la pieza pareciera aburrida viendo su partitura: sin embargo sus pasajes siguen emocionando a personas de todo el mundo en todos los contextos.

Y la idea, he de reconocerlo, me fascinó.

Imagen de 'Peer Gynt', montaje del Theater Dortmund, 2013.

Imagen de 'Peer Gynt', montaje del Theater Dortmund, 2013.

¿Qué hacer para no hacer ‘nada’, como se comentaba en ese programa? ¿Cómo podemos alimentar las ganas de público de que volvamos a la idea principal, también en nuestras presentaciones? Algunas ideas:

Repetir. Volver sobre las mismas ideas argumentadas de forma distinta, o incluso de la misma forma. Insistir.

Ejemplificar. Buscar ejemplos distintos de otros ámbitos que demuestren lo que queremos.

Contar historias. A todos nos encantan, y es una excelente forma de ejemplificar lo que ya hemos dicho, o volver sobre ello de forma distinta.

Tus experiencias. Contar cómo has vivido determinadas cosas, o como has llegado a tus conclusiones (tu viaje personal), es una forma más de contar lo que ya has dicho de forma diferente.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Debería haber espacio para la ‘nada’ en las presentaciones?

¿Se te ocurren otras posibilidades de ‘no hacer nada’? ¿Crees que la repetición, las historias, los ejemplos o tus experiencias pueden ser beneficiosos en las presentaciones?

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