Ahí estamos todos: volviendo al trabajo (y a las redes) después del verano. Y después de un ‘buen desconectar’, nada mejor que recuperar la esencia y el sentido de tu actividad para poner las cosas en perspectiva.

Vida, trabajo, comunicación…

Nada más recomendable para empezar el nuevo curso que conectar con las ideas fundamentales, nucleares de lo que hacemos como brújula a partir de la que orientarnos. Parte importante de nuestro trabajo, parte importante de nuestra vida y parte fundamental de nuestra comunicación. Esas ideas, esa brújula nos conecta directamente no sólo con lo que somos, sino con lo que queremos ser. Un ejercicio más que interesante, hagas lo que hagas, te dediques a lo que te dediques… y no sólo en el contexto profesional.

Te propongo un juego:

¿Qué le contarías a alguien que no te conociera? ¿Que no supiera quién eres, que no conociera tu responsabilidad, ni tu puesto, ni tu empresa? ¿Que no supiera nada sobre tus ideas, ni tus valores, ni tus productos o servicios? ¿Qué le dirías sobre ti, tu experiencia, tus proyectos o tus sueños?

Imagina que te ves obligado (ya que pocas personas las hacen por gusto) a hacer una presentación en público sobre QUIÉN ERES.

Menudo momentazo, ¿no? ¿Sudor frío, quizás? ¿Palpitaciones? ¿Desasosiego?

¿Pensando en abrir el ordenador? ¿En la primera slide? ¿En el título y el primer texto?

¿De verdad? ¿Necesitas  un programa para saber quién eres, qué haces, y por qué lo haces? Yo creo que no… 
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Una presentación en público es un diálogo con tu interlocutor (sí, un diálogo, un intercambio, aunque pueda parecer un monólogo). Un interlocutor al que, además, quieres causar una buena –buenísima- impresión; a quien pretendes interesar (léase no aburrir: la atención de la audiencia nunca debe darse por supuesta); a quien quieres convencer de tu solvencia, seguridad, credibilidad, confianza…

Eso te obligará a pensar muy mucho lo que le vas a contar y el orden en el que vas a hacerlo. Pero, aun siendo algo fundamental, la estructura de tu discurso no es lo único que va a ayudarte a compartir tus ideas, a mostrarte de la forma que quieres, a seducir profesionalmente a tu audiencia. Hay toda una serie de variables de comunicación que debes conocer, usar y alinear con tu mensaje si realmente quieres que cale, que llegue con la intensidad y energía que marcará la diferencia. Y si además pretendes que tu mensaje mueva a la audiencia en alguna dirección, conmoverlos, sensibilizarlos o persuadirlos, esas variables serán incluso más determinantes que tus argumentos.

A eso es a lo que yo me dedico. En eso me he especializado desde que me reinventé hace ya 6 años: a ayudarte a ser efectivo donde la inmensa mayoría de ponentes fallan; a ganar la partida de tu presentación; a conmover y a conectar con tu audiencia; a aprovechar las oportunidades (léase regalos) que nos ofrecen las presentaciones en público.

Y, por supuesto, a manejar las palpitaciones, el sudor frío y el desasosiego. A conseguir que ese momentazo se convierta en un momento inolvidable.

Para ello, me ayudo de algo que, por obvio, no deja de ser efectivo: la técnica del actor. La técnica natural del escenario. La técnica que debes conocer y aplicar si de verdad quieres comunicarte desde un escenario con solvencia.

Y ese es el centro, la esencia de lo que hago. Pero aún más importante que lo que hago, es el motivo por el que lo hago.

Desde que empecé he tenido oportunidad de ayudar a muchas personas. Personas con ideas diferentes, innovadoras, inspiradoras. En el mundo de la gestión, la tecnología, la ingeniería, la banca, la enseñanza o la sensibilización social. Personas con buenas ideas, que vale la pena difundir. Porque las ideas cambian el mundo.

Y ayudar a los demás a difundir sus ideas es un gran motivo para levantarme cada mañana… ¡Y para volver a la carga este septiembre!

'Emitiendo desde Broadway con Wall Street, el punto exacto donde se encuentran los mundos de la interpretación y de los negocios.'

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