¿Por qué no eres tan inspirador, apasionado o persuasivo como te gustaría?

Acabo de ver un video en youtube de mi querido Emilio Duró, hablando sobre lo suyo: coeficientes de felicidad, optimismo y gafes, universos conspirando contra Pepe… Las emociones negativas se contagian durante más tiempo que las positivas, nos cuenta con su aplastante lógica campechana, y eso es algo determinante en la vida… Y también en nuestras presentaciones.

¿No te gustaría poder conectar más con las personas que te escuchan? ¿Poder emocionarlos? Hacerlos pensar, vibrar, sentir…

¿CÓMO ERES EN TU DIA A DIA?

A mí, Duró me ha contagiado de ganas, de entusiasmo y de buen humor en apenas 10mins (y sí, voy a enlazar el video para que tú también lo disfrutes). Y, por supuesto, sería maravilloso tener esa capacidad. Ahora bien, siguiendo su lógica, si no eres capaz de emocionar, divertir o interesar a tus semejantes en tu día a día, difícilmente podrás hacerlo desde un escenario.

La buena noticia es que no tienes por qué convertirte en lo que no eres.

Un ponente divertido e inspirador es de agradecer, por supuesto, pero esa no es la única manera de conectar con tu audiencia. Y, desde luego, intentar imitar a otro ponente nunca ha sido (y nunca será) una buena idea. Ya tienes tu propio estilo de comunicación: el estilo que usas en tu día a día. Y eso es bueno:

  •          primero, porque te hace un ponente único
  •          segundo, porque es un estilo que has estado testando toda la vida, y has contrastado que funciona.

Y tengo, además, otra buena noticia: sin ser un ponente inspirador como Duró, seguro que has inspirado a otras personas en diferentes ocasiones. A alguien de tu equipo, a alguien de tu familia o de tu entorno cercano, a algún compañero de master o de universidad, a tu pareja, a tus hijos… No lo has hecho como Duró, pero lo has hecho. A tu manera. Con tu propio estilo.

Pues lo mismo aplica a captar la atención, a despertar el interés, a contar algo divertido… Todos lo hacemos en diferentes contextos y con nuestro estilo personal. Todos lo hacemos en nuestro entorno cercano y con nuestra mejor versión.

MIEDO, FRACASO, ESTRÉS, PAVOR, PÁNICO...

Estas y otras es posible que te hayan venido a la cabeza al imaginarte intentando inspirar, hacer sonreír o despertar el interés delante de tu audiencia.  Y eso es normal: no es lo mismo compartir ideas dentro de tu círculo de confianza, que hacerlo ante 100, 200 o 500 personas…

En tu círculo de confianza, tus herramientas expresivas no te van a traicionar: eres auténtico, natural y creíble. Por eso consigues inspirar, divertir o emocionar.

En un escenario, las cosas cambian. Todas las emociones negativas que la exposición en público te genere se trasladarán a tu forma de expresarte. A tu forma de moverte, a tu forma de hablar, a tu actitud en el escenario… El estrés, el pavor, el pánico, la responsabilidad, la falta de hábito y unas cuantas más harán que fracases en tu loable intento de conectar con el respetable.

HERRAMIENTAS Y ATENCIÓN

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¿Y si pudieras expresarte ante 500 personas con la misma soltura que lo haces en tu día a día? ¿Y si consiguieras que ese estrés no se trasladara a tu forma de hablar o de moverte? ¿Y si pudieras expresarte de forma creíble y natural también desde un escenario?

A eso nos dedicamos los actores. Y por eso creo que la técnica teatral es la más adecuada para conseguir mostrarnos tal y como somos en nuestras presentaciones en público. Naturales, creíbles, convincentes… Mostrarnos ante nuestra audiencia con nuestra mejor versión.

Todos somos capaces de divertir, de instruir, de sorprender, de entusiasmar, de emocionar o de indignar a nuestros semejantes. Y vuelvo a citar a Duró: las emociones son contagiosas. Por tanto, en la medida en que podamos manifestar con naturalidad esas emociones en un escenario, seremos capaces de compartirlas y contagiarlas a quien nos escucha.

‘Emitiendo desde Broadway con Wall Street. El punto exacto donde se encuentran los mundos de la interpretación y los negocios.’

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