Soy de los que piensa que cualquier presentación requiere preparación, por mínima que sea. Pero si además quieres hacer una de las buenas (vibrante e inspiradora; emotiva y convincente) vas a necesitar dedicarle más tiempo. No hay más (pero tampoco menos).

Y ahí es donde empiezan gran parte de nuestros problemas.

Hasta ahora no te he dicho nada nuevo, y dudo que vaya a hacerlo durante el resto del artículo. Y es que todos somos conscientes del esfuerzo que requieren determinadas cosas. Sobre todo las cosas que importan; sobre todo las que debemos hacer nosotros mismos. Y las presentaciones están dentro de ambas categorías.

Necesitamos, por tanto, tiempo.

Y es un bien escaso. Todos lo sabemos, y todos lo sufrimos.

Ahora bien, en el caso de las presentaciones se suman otros factores que dificultan aún más la tarea de encontrar tiempo para la preparación.

TIEMPO vs GANAS

Seamos francos: preparar presentaciones en público no está dentro de nuestras aficiones. Al menos, no de las aficiones de la inmensa mayoría de los mortales. Yo mismo encuentro las excusas más inverosímiles para evitar trabajarlas. Y esa es la palabra clave: la EVITACIÓN.

En una presentación siempre nos jugamos algo. Y cuanto más importante es, más nos jugamos: la supervivencia del proyecto, la relación con ese cliente importante, o nuestra imagen y credibilidad profesional son sólo algunos ejemplos. Y eso, a priori, debería hacer que afrontásemos la preparación con ganas. Pero sabemos que se nos dan mal. Sabemos que ‘no sabemos’. Y ése es el gran escollo. Cuanto más importante sea el cliente o la inversión, peor vamos a pasarlo. Entiendo perfectamente que no apetezca ponerse a recrear algo que resulta desagradable, pero eso sólo agrava la situación. Así, siempre encontramos una excusa para no buscar (y agendar) ese tiempo necesario para prepararnos. Siempre hay algo mejor que hacer, siempre hay algo más urgente… Hasta que es demasiado tarde.

Siempre hay algo mejor que hacer... Hasta que es demasiado tarde.

Siempre hay algo mejor que hacer... Hasta que es demasiado tarde.

Dicho esto, somos mayorcitos. Sabemos que debemos hacerlo. Nos hacemos huecos en la agenda, e incluso los más aguerridos cumplen esos tiempos: se encierran durante las horas estipuladas para prepararse. Y ahí empieza el otro gran problema:

TIEMPO vs APROVECHAMIENTO

Como sin duda has sufrido en otros contextos, disponer del tiempo no tiene nada que ver con aprovecharlo. Y entramos en otra fase del problema, que puede ser similar y también muy distinta:

  • Tiempo de evitación.- Es muy probable que, aun teniendo el tiempo y respetándolo, acabes dedicándote a otras cosas. Sigues, por tanto, usando la táctica del avestruz, según la cual, cuanto más importante es algo, más escondes la cabeza. Las formas de esconderla son muy variadas: desde empezar a buscar vídeos de TED para inspirarte, hasta pasar la última pantalla del Candy Crush. Sea como sea, si lo que estás haciendo no tiene un beneficio directo en tu presentación, no estás preparándote.
  • Tiempo sin estrategia.- Si eres de los que encuentra el tiempo, y durante ese tiempo se dedica a prepararse, de entrada déjame felicitarte. Puede que tengas problemas para organizar ese tiempo, o sacarle realmente jugo, pero sin duda has superado el obstáculo más importante, y estás cogiendo por los cuernos el toro de tu presentación. Ahora sólo te falta algo de organización y criterio. Organización para saber qué hacer en cada momento, y criterio para saber cuándo estás en un punto muerto, cuándo te conviene parar, cómo resolver los problemas que irán surgiendo…

Pues bien, si eres de alguno de los grupos antes mencionados, he diseñado un servicio específico para ayudarte. Un tipo diferente de formación. Una ayuda práctica y enfocada en tu día a día. Una opción donde encontrarás beneficios a corto y a largo plazo:

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