Confieso: no sólo pago (como casi todos), sino que también voy al gimnasio. Desde hace años, a clases dirigidas: desde spinning, hasta las clases tan de moda de los programas Les Mills. ¿Cómo aplicar las técnicas de participación y motivación de estas clases, a las presentaciones en público?

Igual, igual que en una presentación en público, la actitud de un monitor ante una clase dirigida (o cualquier otra actividad) van a marcar y marcan la diferencia. Vamos a ver hoy las principales características de los buenos monitores, y cómo aplicarlas para triunfar también en tu presentación.

LA SONRISA –más, aquí-

Una máxima que no todos aplican, pero que es determinante para conseguir objetivos.

Vas allí un lunes a primera hora, no muy motivado, con la marca de las sábanas en la cara, y te encuentras con una sonrisa amable y un ‘¡Buenos días!’ lleno de energía. Y eso aumenta tu motivación, y tus ganas de hacer la clase. Nunca un simple estiramiento de labios dio tanto por tan poco. ¿Qué tal una sonrisa en tu próxima presentación?

LAS GANAS –más, aquí-

Muy conectada a la anterior. Un buen monitor tiene ganas de hacer la clase. De compartirla contigo. De hacerte trabajar, y de que la disfrutes. Una vez más, no todos cumplen la máxima, pero los que lo hacen tiene más alumnos (te lo garantizo). ¿Quiere eso decir que siempre están deseando hacer una clase? Ni de coña. Tendrán sus cosas, sus problemas, sus malos días, sus preocupaciones… Pero no dejan que eso influya en su trabajo. Saben que las ganas que ellos pongan en hacer la clase serán las ganas con que los participantes hagan los ejercicios.

Eso afecta de manera directa a tu presentación. No estarás en tu mejor momento, te lo garantizo: el estrés, la audiencia, la presión y las mil variantes harán que, más que ganas de hacer la presentación, tengas ganas de salir corriendo. Pero no puedes permitir que eso se traslade a la forma en que transmites tus ideas, y aún menos a la impresión que la audiencia va a llevarse de ti.

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IMPLICACIÓN

El monitor tiene que hacer los ejercicios para mostrar cómo se hacen. Pero una vez más, los hay que los hacen contigo (y sudan la camiseta como tú), y los que ni se despeinan. Con los primeros, obviamente, te esfuerzas más: hay un inevitable efecto contagio.

Eso está íntimamente ligado al ETHOS de tu presentación. –más aquí-: la gente percibirá si te importa lo que haces, si la idea que compartes con ellos te interesa, si la consideras necesaria… Una vez más, un ingrediente definitivo para poder persuadir a tu audiencia; para contagiarles lo que tú consideras importante o necesario.

EL TOQUE PERSONAL

He visto unos cuantos monitores/as a lo largo de mi vida. Y todos, sin excepción, ponen su ‘toque’ personal en lo que hacen. Ante un estiramiento, por ejemplo, uno te dirá que estires el brazo todo lo que puedas, otro que alargues el brazo como si quisieras tocar el cielo, y otro que expires estirando el brazo e implicando también el pecho y la cadera. Eso no es más que una muestra de su forma de trabajar: de cómo entienda cada uno el cuerpo humano y su funcionamiento.

Pues bien, en tu presentación también hay espacio para que imprimas tu toque personal. Desde la forma como la estructuras, hasta las ideas que compartes, las historias que explicas y como están conectadas, hablan de ti y son una forma excelente de poner más de tu parte en esa presentación. Cuanto más te involucres en ella, más vas a involucrar a quien te escucha.

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'A más ver...'

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