Y llega el final de la presentación… y con el final, uno de los momentos más temidos: el turno de preguntas. ¿Cómo pasar con nota ese momento crítico?

Sé que es uno de los momentos más temidos por un buen número de personas. Eso de no saber qué nos van a preguntar, y el vértigo a una posible pregunta que no sepamos responder crea muchísima incomodidad. Y quizá es lo primero que deberíamos aceptar para realizar con soltura un buen turno de preguntas: que no vas a sentirte cómodo.

Dicho eso, el nivel de incomodidad tendrá sus grados. Puedes encontrarte ante un público directamente hostil (que irá en contra de prácticamente cualquier idea que hayas expuesto), un tribunal (que si bien no está directamente en contra de tu idea, va a evaluarte) u otros (un público genérico que, si bien no está en contra o examinándote, puede sorprenderte para bien ¡o para mal!). Como sin duda habrás advertido (y si no, aquí estoy yo para recordártelo), nadie estará en TU CONTRA. En todo caso, estarán en contra de TU IDEA. Igual que la mafia: ‘It’s not personal: just business’. Si hablas en público en un entorno conocido, es posible que sí sepas de alguien que está en TU contra, pero pensarlo así no va a ayudarte a salvar con más elegancia el momento. Así que hazme caso: pase lo que pase, déjalo dentro del entorno profesional. Muéstrate profesional, contesta como un profesional y gestiona tus emociones.

De forma que ya tenemos dos inputs claros para el turno de preguntas:

  •          Asumir la incomodidad/incertidumbre
  •          Mostrarte siempre profesional

Como sabrás si sigues este blog, lo más importante es esa incomodidad no se traduzca ni en tu paralenguaje ni en tu comunicación no verbal. Y será el control de esas variables el que conseguirá que te muestres más profesional. Seguro que puedes hacerlo.

Algunos consejos más para situaciones desfavorables:

  • SER PREVISOR.- Tú eres más consciente que nadie de los puntos flacos de tus argumentaciones, de tu idea, de tu estrategia… Aprovéchalo. Puedes prever por dónde irán las preguntas ante públicos hostiles o evaluadores, y tener las respuestas a mano. 
  • ¿Y un señuelo? Incluso puedes dejar algunas lagunas en tu argumentación como carnaza: un tribunal se ‘cebará’ con los puntos que consideren débiles, y así, con un poco de suerte, se olvidarán de asuntos que REALMENTE quieres evitar –es sólo un truco, y puede fallar, pero en determinadas circunstancias vale la pena intentarlo-.
  • SUMA. SIEMPRE.- Pase lo que pase, por muy en calzoncillos que puedan pillarte, intenta APORTAR por encima de todo. Recuerda que nadie lo sabe todo sobre nada, y es posible que en algún momento no tengas a mano una información. En ese momento, piensa en sumar: quizá sí dispongas de algunos datos que puedan conformar una respuesta. Si es así, aporta: ayuda a resolver una cuestión con la información disponible. Pero ojo, si intentas escabullirte o sacarte cosas de la chistera, lo más probable es que te pillen. Intenta estructurar una respuesta coherente, no tomarles el pelo.
  • NO LO SÉ.-Y si definitivamente no tienes ni idea, reconócelo. Aprende a decir ‘no lo sé’, aunque muéstrate siempre dispuesto a sumar una vez más: a resolver la duda a la mayor brevedad. Y hazlo: no te comprometas a mandar un mail o a hacer una llamada que nunca va a producirse.

Por mi experiencia, la inmensa mayoría de las veces las respuestas fluirán sin ningún problema. Ante públicos hostiles o que están ahí para juzgarnos las cosas se complican, y en esos casos lo más importante es ser capaz de mantener la calma y hacer lo que realmente debes hacer: comunicarte de forma segura y eficaz.

‘A más ver…’

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