¿Cómo desembarazarse de la actitud que más va a desconectarte de tu audiencia?

La monotonía es la enemiga de la atención.

Captar la atención de nuestros semejantes se ha convertido en el reto de moda. Todo el mundo pretende captar nuestra atención de las formas más diversas y desde todos los canales. RRSS, internet en general, la publicidad, la prensa, los programas de entretenimiento, el cine… Y sí, también nuestro círculo cercano: en el trabajo, y en nuestras relaciones sociales o personales nuestros semejantes también buscan nuestra atención (escucha, ayuda, consejo o simplemente tiempo compartido).

Tranquil@: no voy a ponerme a analizar sociológicamente ese hecho, pero sí vamos a ver de qué manera afecta a nuestras comunicaciones en público.

CAPTAR LA ATENCIÓN DESDE UN ESCENARIO

Créeme si te digo que captar la atención desde un escenario es uno de los retos más titánicos a los que nunca vas a enfrentarte (a no ser que te plantees subir al Everest o dar la vuelta al mundo en un velero). Esa hiperconexión a la que tan acostumbrados estamos no sólo hace que los distintos dispositivos sean un enemigo potencial para el ponente, sino que ha convertido a todas las audiencias (sí, a todas) en entes con una capacidad de escucha extraordinariamente breve.

Dicho de otro modo, si no eres capaz de captar su atención, vas a pasarte el tiempo de tu presentación viendo cómo tu audiencia se lanza a por su Smartphone.

Por supuesto, eso te indignará (como indignaría al más pintado), y puede que te sientas por un día como una diva de la opera herida en su fuero interno por la crueldad de su público. Esa es la opción 1. La opción 2 será ver qué puedes hacer para que no vuelva a pasar.

No olvides nunca que, como norma general, tu audiencia es la primera interesada en que hagas una presentación magnífica. Son los primeros que quieren pasar contigo un rato estimulante y entretenido. Y si han desconectado, es porque seguramente algo estás haciendo mal.

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ATRACCIÓN Y ESTÍMULOS

Las audiencias de todo tipo responden a estímulos visuales y auditivos. Ver lo mismo todo el rato, hace que se aburran y desconecten. Ver cosas distintas, hace que estén más atentos. Es inquietante verlo así, ¿verdad? Si no me crees, échale un vistazo al próximo estreno de Star Wars, y luego me escribes.

Por supuesto, también responden a estímulos intelectuales. Pero el estímulo intelectual no siempre funciona por sí mismo: debemos reforzarlo también con el visual y/o el auditivo para asegurarnos de que cumple su cometido.

CAMBIOS DE REGISTRO Y TU PEOR ENEMIGO

Como cuento en mi libro, en el teatro llamamos a las variaciones que imprimimos a nuestra voz y a nuestro cuerpo ‘cambios de registro’. Y esos cambios de registro no sólo nos ayudan a captar mejor la atención del público, sino que aportan credibilidad, contundencia, aplomo y emoción a nuestras palabras.

Por desgracia, cuando nos subimos a un escenario todos nos volvemos extraordinariamente aburridos. Aburridos, porque nos volvemos monótonos. Porque la responsabilidad, una falsa idea de profesionalidad, la falta de experiencia y la presión nos encorsetan: nos hacen hablar siempre con el mismo tono, con el mismo ritmo, con la misma intensidad… Con los mismos gestos, con la misma actitud, desde el mismo sitio, con la misma expresión facial… Y todo eso junto nos convierte en un ponente muy poco estimulante (por decirlo con cierta elegancia): es decir, nos convierte en nuestro peor enemigo. Y créeme: poco podrá hacer contra eso el mejor PPT del mundo.

Para captar la atención de nuestra audiencia tenemos una herramienta extraordinaria: nuestra expresividad. Las múltiples formas y usos de nuestra voz. Los múltiples gestos, actitudes y desplazamientos que podemos sumar con nuestro cuerpo. Permitirnos expresar diferentes ideas con tonos y ritmos distintos, usando más pausas, ayudándonos de nuestros desplazamientos, de nuestras expresiones, de nuestra gestualidad nos ayudará a salir de la monotonía. Incluir más estímulos visuales y auditivos hará que nuestra audiencia esté más atenta a nuestro mensaje. Y ése es el objetivo.

Pensar que el contenido de nuestra presentación por sí mismo es suficiente para que la audiencia conecte y nos siga durante nuestra ponencia, no sólo es una temeridad:

  •          significa no ser consciente del mundo en el que vivimos
  •          significa eludir nuestra responsabilidad de hacer interesantes esos contenidos con todos los recursos a nuestro alcance
  •          y significa, además, perder a nuestra audiencia y con ella las oportunidades que nos proporcionaría nuestra presentación

‘Emitiendo desde Broadway con Wall Street. El punto exacto donde se encuentran los mundos de la interpretación y los negocios.’  

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