Por qué, te guste o no, estás presentando con una mano delante y otra detrás.

A todos nos trae problemas eso de hablar en público (yo incluido). Siempre hay cierta dosis de estrés, y como ya sabes ese estrés incluso es sano… Pero no dejas de jugártela. Cuanto más importante es la idea, cuanto más relevante es la audiencia, cuanto más te expones más tienes que ganar (y más te arriesgas a perder).

Lo paradójico de todo este asunto es que la inmensa mayoría de las personas presentan ‘tal y como han venido al mundo’, es decir, con una mano delante y otra detrás. Me explico:

Como cuento en mi libro –puedes conseguirlo aquí-:

‘Somos animales sociales, y en sociedad la comunicación es fundamental. En nuestra infancia invertimos muchos recursos (aunque no lo recordemos) en aprender a comunicarnos. Alguien podría decir que los invertimos en aprender nuestro lenguaje, pero eso sólo es una parte. Aprendemos también a identificar tonos, sonidos, volúmenes e intensidades. Aprendemos a diferenciar actitudes y gestos. A distinguir una bronca de una muestra de afecto. A detectar el humor de papá tan sólo por el modo en que nos coge en brazos, y a detectar también su reacción cuando reímos o lloramos. No sólo estamos aprendiendo un idioma: aprendemos comunicación.’

Toda esa inversión de recursos nos proporciona una forma de comunicarnos.

Del mismo modo, cuando aprendemos a caminar (o a correr) esa habilidad nos sirve para desplazarnos y cumple perfectamente su función. Ahora bien, si quieres asumir un reto (correr una maratón, o hacer una carrera de montaña por ejemplo), tendrás, obviamente, que entrenarte. Ese entrenamiento mejorará tu resistencia y musculación, pero también hará que optimices tu zancada, el apoyo del pie en el suelo, el movimiento del resto del cuerpo, la respiración… Y también la atención. De forma que al final de ese proceso te encontrarás corriendo de forma distinta: no sólo habrás modificado tu forma física, sino también la forma en que lo haces. Para superar un reto exigente (y una maratón, sin duda, lo es) reaprenderás a correr, porque la forma en que corrías hasta ahora no será suficiente para lograrlo.

Ya sabes a dónde quiero llegar, ¿verdad?

Una presentación en público también es un reto exigente. Cuanto más te juegues, más lo será. Y para superarlo, la forma en que te comunicas en tu día a día no será suficiente.

¡Maldita sea!

¡Maldita sea!

La forma en que habitualmente te expresas (y que aprendiste en tu más tierna infancia) te permite mostrarte creíble, seguro, convincente y profesional en tu día a día. En ese entorno, en el que te sientes seguro y efectivo (ya que llevas muchos años practicando), tus herramientas expresivas han aprendido a desenvolverse con soltura, y cumplen perfectamente su función. Ahora bien, un escenario es un lugar distinto: un ecosistema diferente. De forma que para expresarte con la misma soltura y mostrarte creíble, seguro, convincente y profesional desde un escenario, también deberás entrenarte.

Entendemos como entrenamiento cualquier actividad cuyo objetivo es aumentar la masa muscular o la resistencia, pero eso no siempre es así. Hay entrenamientos en habilidades o en idiomas. Y del mismo modo, para hablar en público con solvencia debes entrenar tus herramientas expresivas; conseguir que te ayuden a comunicarte de la forma que deseas en ese ecosistema diferente. Entrenar tu voz y tu cuerpo para que no muestren sólo estrés, para que transmitan la seguridad y confianza que te gustaría, para que conspiren a favor de tu mensaje… Y entrenar también tu atención para comunicar exactamente lo que quieres.

Sin ese entrenamiento, estás presentando ‘con una mano delante y otra detrás’, o presentando en pañales: usando tus herramientas de comunicación tal y como viniste al mundo. Y esa no es (y nunca será) la forma adecuada de asumir en toda su dimensión el magnífico y estimulante reto de exponer tus ideas ante las audiencias más exigentes.  

'Emitiendo desde Broadway con Wall Street, el punto exacto donde se encuentran el mundo de la interpretación y los negocios.'

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