Es difícil, a veces, discriminar el medio del objetivo: los medios tienen un objetivo, y ese objetivo es el que pone en marcha los medios. No obstante, confundirlos no sólo desdibuja las cosas, sino que nos hace perder efectividad en los dos campos. Y todo ello es particularmente cierto respecto a las intervenciones en público.

¿Jugar, y ser más eficiente?

¿Parar, y llegar antes?

¿Menos tiempo, y producir más?

Todas estas (aparentes) paradojas están a la orden del día; y no sólo en nuestra esfera laboral, sino también en la personal. ‘Más’ no siempre significa ‘mejor’, y es frecuente que un equipo de alto rendimiento se ponga a jugar como parte de un proceso de mejora de su eficacia; que una empresa en expansión necesite parar y observar para planificar su crecimiento; y los datos de permanencia en el trabajo y productividad en otros países hablan por sí solos…

En todos esos casos, los medios y los objetivos están en aparente contradicción, y por eso son ejemplos perfectos de lo que quiero explicarte.

OBJETIVO Y MEDIOS EN UNA PRESENTACIÓN

Lo primero a destacar es que, por si no lo sabías, tu presentación no es tu objetivo.

El objetivo de cualquier presentación es ‘crear un movimiento’. Provocar una acción, sea la que sea. Quizá quieras que la gente compre un producto, quizá que se pongan a reciclar o quizá que voten a tu partido… Ese es tu objetivo. Pueden haber tantos objetivos como presentaciones: cada una con su objetivo particular. Para definir tu objetivo, es FUNDAMENTAL que conozcas a tu audiencia y sepas qué puedes esperar de ella: quizá pretendas que reciclen en un país donde no hay contenedores de reciclaje (y si ése es el caso, te invito a replantearlo…).

Vamos a por la segunda parte.

Sea cual sea el objetivo (la venta, que reciclen o que te voten) el medio que has escogido para conseguirlo es LA PROPIA PRESENTACIÓN. Podrías haber escogido otros medios para conseguir tu objetivo (campañas de marketing, por ejemplo) pero has escogido la presentación en público. Destacable, desde mi punto de vista, que la inmensa mayoría de proyectos, productos, servicios o estrategias pasan, tarde o temprano, por una presentación en público (con inversores, con clientes o con los propios compañeros de equipo).

EL QUID DE LA CUESTIÓN…

…es que centrarte en tu objetivo NO TE VA A AYUDAR A COMUNICARTE CON MÁS EFICACIA. Durante una presentación en público has de centrarte, siempre, en la comunicación: en la audiencia y en el mensaje que quieres que se lleven a casa. Así explotarás adecuadamente el medio. Y ésa es la mejor forma de conseguir el objetivo.

Si en una presentación estás demasiado centrado en tu objetivo final, vas a estar demasiado preocupado por si te acercas o te alejas de él; estarás evaluando continuamente si lo estás consiguiendo o no, y eso puede llevarte con mucha facilidad a un exceso de juicio sobre ti mismo (no les gusto, no me creen, por favor, que se acabe ya…) y a un exceso de juicio sobre tu mensaje (no les convence, no les interesa, estoy haciendo el imbécil…).

Dicho de otro modo, juzgar tu presentación (tú y tu mensaje) en el momento en que se está produciendo es campo abonado para la inseguridad, la duda, el estrés, el titubeo... Sin olvidar la monotonía, la falta de conexión, la ineficacia... E incluso el blanco.

Tu única ocupación cuando estás en un escenario debe ser la comunicación. Que cada idea llegue como quieres; que cada ejemplo se entienda; que cada historia emocione y tenga contexto… Y todo ello con la convicción, la seguridad, la profesionalidad que quieres transmitir. Así estarás usando eficazmente el MEDIO.

Y eso se traducirá en que consigas tu OBJETIVO.

‘A más ver…’

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