Como decía Aristóteles: ‘Aquello que aprendemos, lo aprendemos haciéndolo’. Y es que la enseñanza basada en la práctica no es precisamente una idea nueva. Sobre todo en disciplinas en las que no sólo necesitamos conocimiento, sino también entrenar determinadas habilidades.

Que los cursos sobre presentaciones deben ser prácticos es algo que (creo) muy pocos ponen en duda. No sólo necesitamos saber qué hacer, o cómo mejorar. Necesitamos ejecutar: llevar a la acción esas ideas, ver qué resultados obtenemos y volver a ejercitarnos. Y eso, las más de las veces, no sólo tiene que ver con los consejos o indicaciones propiamente dichas, sino con nuestras sensaciones.

Qué debemos hacer para evitar movernos en exceso, o para articular mejor, o para subir el volumen, o para mejorar el contacto visual es algo que sólo aprenderemos en base a la experiencia. No basta saber qué hacer: debemos vivirlo, experimentarlo. Saber qué se siente para poder reproducir esas sensaciones en los casos reales a los que nos enfrentemos.

UN PASO MÁS

En los cursos que imparto intento, en consecuencia, que los alumnos practiquen. Que practiquen tanto como sea posible. Por supuesto explico determinadas cosas, pero intento que mis intervenciones cumplan únicamente el objetivo de contextualizar la práctica. Y es que soy de la opinión de que ejercitarnos sin saber por qué, y sin conocer el sentido de los ejercicios tiene pocos beneficios.

Pero se puede ir un poco (o un mucho) más allá.

‘LEARNING BY DOING’

Sin ser un experto en pedagogía (que no lo soy) he encontrado algunas características de esa corriente que me parecen fascinantes. Y no soy el único: la propuesta se usa con éxito en multitud de contextos. De hecho, en el año 2012 el ‘Learning by Doing’ figuraba en la mayoría de seminarios de formación docente en Alemania.

Entre las características que mencionaba:

  • Conocimiento significativo.- Relevante. Cada nueva idea se aprende en base a algo que se ha vivido. Al aprender sobre la acción (un caso práctico), la comprensión, eficacia y eficiencia del aprendizaje es mucho mayor.
  • Aprendizaje experiencial.- El alumno aprende en base a la experiencia. Se sitúa al alumno en una situación que le resulta interesante, que le motiva a aprender y a investigar.
  • Aprendizaje activo.- El alumno es el protagonista. En base a sus propias inquietudes, a sus necesidades y a las necesidades que va descubriendo en el proceso.

Pues bien, creo que ese tipo de aprendizaje es posible también en el mundo de la oratoria. Creo que se puede aprender a hablar en público a partir de los retos a los que nos enfrentamos en la vida real. Creo que cada nueva presentación no sólo debe ser una oportunidad profesional: puede (y debe) ser una oportunidad para llegar aún más lejos. Una vía que nos lleve fuera de nuestra zona de seguridad y nos reporte resultados aún mejores. Intervenciones memorables e inspiradoras. Eficaces y vibrantes. Convincentes y persuasivas.

Y con esa idea en la cabeza, he creado lo que estas semanas os estoy presentando. El ‘Learning by Doing’ aplicado al mundo de las presentaciones:

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