Hoy voy a compartir contigo uno de los secretos mejor guardados del mundo de las presentaciones. Algo que incluso los ya iniciados y los expertos muchas veces desconocen. Algo que va a cambiar tu vida. ¿Estás preparad@?

La problemática básica de la exposición en público (o una de las más importantes), es precisamente esa: la exposición. Te expones. La gente te observa, la gente va a opinar, la gente esperará algo de ti. Y algo memorable, relevante, con sustancia a poder ser.

Ese mero hecho, el de verse expuesto, nos sitúa en un estado anímico particular, que las más de las veces no favorece nuestras capacidades de comunicación. El estrés asociado se convierte en un obstáculo. Pero no voy a hablarte de eso.

¿Quieres saber lo que nadie sabe sobre presentaciones? Foto: Kimberly Kessler.
¿Quieres saber lo que nadie sabe sobre presentaciones? Foto: Kimberly Kessler.

Verse expuesto, ese estado de ánimo del que te hablo, provoca en muchas ocasiones una especie de pirueta psicológica. Diría que, Grosso Modo, nuestro cerebro se destapa. Se despoja de filtros. Siguiendo una lógica completamente irracional, parece decir:

 “Pues bien, ya que estos señores de aquí delante van a verme, juzgarme y evaluarme será mejor que lo enseñe TODO.”

Y sospecho (sin ser un experto en psicología) que de ahí vienen todos los:

  • “Perdón, es que estoy muy nervioso…”
  • “Disculpen, he tenido un blanco…”
  • “No he podido preparar la presentación…”
  • “Hablar en público no se me da bien…”, y un largo etcétera.

No, no y mil veces no.

La verdad, la auténtica verdad de la situación es que:

“La audiencia no sabe lo que te pasa por dentro.”

Exactamente igual que nos pasa en la vida real… ¡Por suerte! Si la gente supiera leer lo que pensamos, la inmensa mayoría de nuestras reuniones sociales se convertirían en una pesadilla.

Eso es lo que la mayoría de la gente no sabe sobre las presentaciones.

LA AUDIENCIA NO PERCIBE TUS NERVIOS

La audiencia NO PERCIBE tus nervios. Foto: Bob Smith.
La audiencia NO PERCIBE tus nervios. Foto: Bob Smith.

Por mucho que te parezca que lo saben, que lo han detectado, o que lo estás pregonando telepáticamente no lo saben. Por mucho que el corazón te vaya a mil, la audiencia no se dará cuenta. Si conservas la calma, y hablas pausadamente, el problema no va a trascender. Hay casos extremos en los que sí, por supuesto, los nervios se notan. Pero como digo, son casos extremos. En mis cursos sucede continuamente lo contrario: los alumnos piensan que sus nervios están invadiendo toda la sala cuando nadie los está percibiendo.

LA AUDIENCIA NO SABE SI TE HAS SALTADO UN PUNTO

Uno, dos o los que sean. Por mucho que pienses que van a notar algo, no lo harán. Si el discurso sigue su lógica, si se entiende lo que estás diciendo, la gente no percibirá si te has saltado algo. Excepción: las enumeraciones. Si dices que vas a tocar “Los 4 puntos principales de…” y sólo mencionas 3, echarán algo de menos. Por eso soy tan poco amigo de las enumeraciones.

Y NO, A LA AUDIENCIA NO LE INTERESA LO QUE TE PASA

No. En serio. Para nada. Les importa muy poco si estás nervioso, o si es tu primera vez, o si tienes un blanco. De manera que NO LO MENCIONES.

Todas esas manifestaciones sin filtro, la pirueta psicológica que mencionaba en la introducción, no hacen más que minar tu credibilidad. Hacerte parecer inexperto y poco profesional. Inseguro. Ineficaz. Y no es eso lo que quieres proyectar.

Ese es el secreto que muchos no saben sobre las presentaciones (y si lo saben, no lo aplican).

 “A más ver…”

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