He hablado en otros post de la importancia de memorizar los contenidos. Hoy te presento la técnica más efectiva para hacerlo, aprovechando los tiempos muertos del día y las facultades y la mecánica de nuestra memoria. ¿Difícil de creer? Sígueme en este post y descubrirás que no te engaño. Hace ya bastantes años, cuando me formaba como actor, una profesora de interpretación (Rosa, si no recuerdo mal) insistía hasta la saciedad:

Esta técnica es infalible para actores de la talla de Michael Caine. Fuente: Wikipedia.

  • “Debéis dominar el texto. Decirlo como el padre nuestro. Repetidlo en cualquier ocasión. Caminando, lavándoos los dientes, en la ducha, al vestiros o al meteros en la cama…”

Puede pareceros exagerado, pero es una buenísima técnica para un actor. Ese dominio absoluto te da la tranquilidad suficiente para poder ocuparte de lo que realmente importa: lo que sucede. El momento. La respiración y la emoción que se generan en escena.

¿Deberías aprenderte así el contenido de tu presentación? Por supuesto… ¡que NO!

EVITA MEMORIZAR AL DEDILLO

Así trabajamos los actores. Entre otras cosas, nuestro trabajo consiste en hacer que una frase que hemos repetido 500 o 1000 veces suene espontánea. Lo más probable es que si tú memorizas tu presentación palabra por palabra suenes mecánico, robotizado y te encalles si una palabreja no te viene a la memoria. Por eso es mucho mejor que memorices las ideas-clave de tu presentación, y las expliques con tu propio léxico. Así sonarás natural y tus palabras fluirán en lugar de encallarse. Pero ojo con las excusas:

“SI NO MEMORIZO SOY MÁS ESPONTÁNEO”

Mentira, mentira y mentira.

En mi ya larga carrera como intérprete, he visto a muchos caer en esa trampa (o ponerse esa excusa), y los resultados siempre han sido pésimos. Alguien que no sabe lo que dice SIEMPRE SERÁ ALGUIEN QUE NO SABE LO QUE DICE. Y la excusita de la espontaneidad es sólo eso: una excusa. Memorizar las ideas-clave no es difícil, y menos si utilizas la técnica que te propongo:

REPETICIÓN-DESCANSO-REPETICIÓN

Si memorizas tu presentación, sonarás robotizado. Foto: Julien Tromeur.

En lugar de intentar memorizar la presentación el día antes de hacerla, empieza unos días antes. Memoriza una parte, y duérmela. Verás que al día siguiente los conceptos están afianzados en la memoria, y puedes memorizar el resto. Al segundo día, todas las ideas estarán disponibles en tu memoria en el momento que quieras.

Los conceptos que memorices el día antes de la presentación se aguantarán “con pinzas”. Y el estrés y la responsabilidad de ese día no van a ayudarte. Sin embargo, si lo haces unos días antes, sin la presión del día D, tu memoria va a trabajar por ti mientras descansas. Eso sí, debes repetir lo que memorizaste la noche anterior a la menor oportunidad. Si te limitas a memorizar unos días antes y no repites, el truquillo no funciona.

¿Y LO DE APROVECHAR LOS TIEMPOS MUERTOS?

Para repetir, cómo no. Haz repasos rápidos durante el día. En la cola del súper, o en la de la autopista. O lavándote los dientes, en la ducha, al vestirte o al meterte en la cama (como diría mi profesora). La memoria también es un músculo, y cuanto más la ejercites, más rendirá.

“A más ver…”

1 Comment