¡Bienvenid@s de nuevo! Vuelvo a la carga con nuevos artículos y renovadas ilusiones, proyectos, ideas… Y el mismo objetivo de siempre: ayudarte a mejorar tus presentaciones. ¿Empezamos?  He aprovechado el tiempo de vacaciones para leer algunos libros que tenía pendientes (de los que espero hablarte en futuros artículos), y otras muchas cosas… Entre ellas, echar una mano a unos buenos amigos que estrenaron un espectáculo, y los ensayos de un corto que estoy a punto de rodar. ¿Adivinas de qué va el primer artículo de la temporada?

¿SUFRES EN TU PRESENTACIÓN?

¿Estrés? ¿Miedo? ¿Pánico, incluso? Foto: Bob Smith.

¿Lo pasas mal? ¿Síntomas de estrés? ¿Miedo? ¿Pánico, incluso? ¿Intentas evitarlas a toda costa?

Bienvenid@ al club. Eso forma parte de la más absoluta normalidad en este país. Somos un país que suspende en oratoria por sistema… Y a nadie le gusta ponerse a hacer algo sabiendo que tiene las de perder. No obstante, por extendido que sea el hecho, no es ningún consuelo, ¿verdad?

¿Y si te dijera que hay otra forma de hacer las cosas? ¿Que puedes, incluso debes disfrutar tur presentaciones? ¿Qué las presentaciones de cualquier tipo pueden dejar de ser un engorro (para quien las hace) y un tostón (para quien las ve)?

Si patentara una poción mágica para hacer buenas presentaciones (sí, sí, como la de Astérix), sin duda estaría forrado. Desgraciadamente, no es el caso. Así que la única fórmula que puedo darte es:

PRACTICA, PRACTICA Y PRACTICA

 Seamos claros: una presentación en público es algo complejo. Muchas variables entran en juego, y no te hablo sólo de cómo ordenar y servir los contenidos. Hablo de todas las ideas de desastre antes de subir al estrado, y las miles (millones, quizás) de cosas que se nos pasan por la cabeza durante la misma. Añade todos los elementos de nosotros mismos que han de participar en ella (voz y comunicación no verbal), y todas las formas de traición que nos reservan esos elementos si no nos preparamos adecuadamente.

No necesitas tantos ensayos, pero sí algunos. Foto: Kimberly Kessler.

Pues bien, no hay mejor manera de paliar todo esos escenarios de desastre (o desastres reales) que una buena preparación. Y dentro de esa preparación, una de las partes fundamentales es la de los ensayos.

ENSA… ¿QUÉ?

Estos días de ensayos (míos y de otros) he visto lo perdidos que podemos llegar a estar los actores cuando no ensayamos, o ensayamos poco. Y tú, querid@ amig@, no eres una excepción. Salir a un escenario sin haber ensayado es prácticamente un suicidio para un actor, y también lo es para un orador.

Por supuesto, no necesitas ensayar tanto tiempo y con tanta intensidad como los actores. Una obra de teatro acostumbra a ensayarse unos dos meses (en estos tiempos de crisis, algo menos), y afortunadamente tu presentación no necesita todo ese proceso. Entre otras cosas, tú no recreas ni un personaje ni una situación ficticias, y puedes ahorrarte bastantes sesiones. Ahora bien, no puedes salir al escenario sin haberte relacionado nunca con el material que quieres comunicar.

 DEJAR DE PASARLO MAL

 Los ensayos te darán seguridad y aplomo. El simple ejercicio de hacer toda la presentación una sola vez te hará confiar en el material que has preparado y en tus posibilidades. ¿Te imaginas los efectos de ensayarla dos, incluso tres veces?

Deja de sufrir, y ¡empieza disfrutar! Foto: Meral Akbulut.

Y no sólo eso: podrás corregir errores que se te hayan pasado por alto en la preparación teórica (¿se entienden las cosas como quiero?); adecuar tu voz y tu cuerpo a cada uno de los bloques de contenido (¿se me oye bien? ¿me muevo en exceso?); mejorar el soporte audiovisual que hayas preparado (¿sobra o falta algo?); darle el empuje necesario al inicio, darle la rotundidad adecuada al final… Y, sobre todo, olvidarte de gran parte de tus síntomas de estrés y de tus ideas de desastre.

Y digo bien: olvidarte de gran parte de estas sensaciones. No van a desaparecer completamente con los ensayos, no nos engañemos. Cierta dosis de estrés forma parte de tu presentación, como también forma parte de las representaciones teatrales. Ahora bien, los ensayos van a permitirte que ese estrés pase a ser algo controlable. Estarás nervioso, como digo, pero haber ensayado te permitirá reconocer la sensación, dominarla, y centrarte en lo realmente importante: el mensaje que quieres comunicar.

Así dejarás de sufrir, y así empezarás a disfrutar.

 “A más ver…”

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