Tercer y último post sobre la transmisión de emociones en público. En los anteriores vimos algunos principios básicos, basados en la neurología, el cine y el teatro. Vamos, por fin, a llevarlos a la práctica. '¡No me cuentes intimidades!' Foto: Pixelate (Freeimages.com)

Ya hemos visto que no hay porqué llevar nuestras emociones al límite, pero también que necesitamos las emociones. ¿Cómo expresarlas sin estar acostumbrados? ¿Cómo sentirnos cómodos en eso, y mejorar nuestra comunicación en público?

NO ME CUENTES INTIMIDADES

Es fundamental que te sientas cómodo en el escenario. Y no te vas a sentir cómodo contándome cosas demasiado personales. La buena noticia es que no necesitas hacerlo.

Lo que va a ayudarte a mejorar tu comunicación es compartir lo que tu mensaje te inspira.

Las emociones ya están ahí. Lo único necesario es expresarlas de forma más natural. Lo que cuentas te provoca emociones. Son ellas las que deben llegar a tu audiencia. Y llegarán si las expresas de forma natural. Deja que tu voz se impregne de lo que te divierte o inspira. Deja que tu cuerpo también participe de lo que te indigna o sorprende.

Como ves, no has de entrar en terreno personal: sólo expresar lo que tu propio mensaje te provoca.

Te invito a ver cómo el mensaje espolea las emociones de Jamie Oliver en este TED:

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=jlEITRLLSNQ]

Dicho esto, tres conceptos a partir de este vídeo para imprimir más emoción a tus presentaciones:

RELEVANCIA

¿Es importante tu mensaje? ¿Por qué? ¡Házmelo saber!

Una de las claves para persuadir de la importancia de tu mensaje es que sea importante para ti. Deja que lo que es relevante para ti lo sea también para la audiencia. Jamie no da su charla porque sí. Está ahí para dar un mensaje importante para él y para sus semejantes. Una oportunidad. Un beneficio. Una solución. Relevante, insisto, para Jamie y también para quien le escuche.

GANAS

Íntimamente relacionado con el anterior. Si tu mensaje es relevante, las ganas de comunicarlo han de estar presentes de principio a fin. Esas ganas harán vibrar a tu auditorio. La pasión con la que hables. El entusiasmo con que te expreses.

Esas ganas son las que impulsan a Jamie a subir al escenario, y nos hablan de la relevancia del mensaje. Si me traes la cura del cáncer, pero me la transmites como si leyeras un prospecto de paracetamol algo está fallando.

PUNTO DE VISTA

'¿Cuál es tu punto de vista?' Imagen: Mihow (freeimages.com)

Y tú, ¿qué opinas? Tu punto de vista sobre lo que explicas es fundamental.

Por supuesto, no te estoy hablando de que centres tu presentación en tus opiniones. Por mucho que seas el centro de atención no has de ser el protagonista. Recuerda: Eres un medio para conseguir un fin. No te propongo que pontifiques.

Jamie no pontifica. Simplemente nos pone delante una situación insostenible (desde su punto de vista) y nos propone una solución: cambiar nuestros hábitos.

Cuando hablo de tu punto de vista hablo de lo que te emociona a ti. Lo que te sorprende, divierte, indigna, inspira o mueve a la acción. La transmisión de esas emociones es lo que diferencia a un orador mediocre de uno memorable.

Esas emociones se transmitirían de forma natural si las incluyes en tu discurso (como veíamos en el primer artículo) y si te comportas con la mayor naturalidad posible. Si dejas que esas emociones impregnen tus palabras y movimientos.

Como ves, no hay nada que temer. Sólo te propongo que tengas en cuenta lo que impulsa tu discurso, y que te relaciones de forma más natural con el contenido de tu mensaje. Que le des una vuelta más de tuerca a ese contenido para acercarlo a tu experiencia y a la de tu audiencia. Y, hecho esto, que dejes que tu punto de vista sobre lo que expones se exprese con mayor libertad.

Expresar lo que te mueve te convertirá en un orador más efectivo y natural. Más creíble y convincente. Más comunicativo. Más vivo. Más humano.

¿Te sorprende? Exprésalo. ¿Te divierte? Exprésalo. ¿Te inspira, indigna o provoca? ¿Te importa? EX–PRE–SA–LO.

“A más ver…”

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