Continuamos con la serie de artículos dedicados a los paralelismos entre oratoria y teatro. La técnica teatral será nuestra mejor aliada para hacer una presentación con garantías, y adquirir una técnica sostenible.  Me encantó acabar el artículo anterior hablando de Al Pacino, y de la importancia de la práctica y la preparación... Y me temo que esos dos conceptos van a ser algo recurrente en este blog. Nada nuevo, en efecto. La novedad es el enfoque. El planteamiento. A partir de la técnica teatral vamos a descubrir una nueva forma de plantearnos nuestras presentaciones. Y todo, a base de obviedades (al menos, por ahora):

OBVIEDAD N.2.- ACTORES Y ORADORES USAN LA MISMA HERRAMIENTA

Tú eres tu herramienta principal. Foto: Julien Tromeur.

Y esa herramienta es, probablemente, el instrumento más difícil de tocar. El nuestro. Nosotros. Nuestra voz y nuestro cuerpo.

Tendremos tiempo en el futuro de hablar en profundidad sobre cómo tocarlo adecuadamente, pero por ahora dejadme insistir sobre esto: EL PRINCIPAL INSTRUMENTO DE UN ORADOR, ES EL ORADOR MISMO.

Y sí, ahora me dirijo a todos aquellos que penséis lo contrario; a los que penséis que vuestra principal herramienta es el Prezi o el PowerPoint, o cualquier otro software de presentaciones: estáis equivocados.

La gente no va a ver cuán hábiles sois usando esos programas. La gente no va a veros para que les expliquéis esquemas. Vuestra audiencia va a VEROS Y ESCUCHAROS A VOSOTROS. Y les haréis (y os haréis) un flaco favor si os limitáis a explicarles gráficos y estadísticas que podríais haberles enviado en un documento de trabajo.

Vuestra presentación no se limita a vuestro software. Las personas que han buscado tiempo, que se han desplazado, incluso que han pagado por asistir a vuestra presentación quieren ver precisamente eso: VUESTRA presentación. Es decir, a vosotros en acción.

Piensa en cualquier charla, clase, ponencia, discurso o presentación de negocios. ¿Cuál es su elemento indispensable? ¿Cuál es el sine qua non de cualquiera de ellas? El ponente. El conferenciante. Podemos prescindir de cualquier otra cosa, menos de nosotros mismos. Somos la pieza fundamental. Y también la herramienta más importante.

¿Cuál es la del actor? La misma. Exactamente la misma.

Por supuesto, en el teatro también tenemos otras herramientas. La escenografía, las luces, el vestuario, el maquillaje… Incluso efectos especiales en algunos casos. Todos ayudan en nuestra tarea. Todos suman. Pero, una vez más, el elemento indispensable, el sine qua non de la representación teatral son los actores.

 HERRAMIENTA… ¿YO?

Herramienta... ¿Yo? Foto Iris Scherer.

 Ni más ni menos. Cuando subes a un escenario te conviertes en una herramienta. Una herramienta con una utilidad y con un propósito: hacer llegar tu mensaje. De forma que, si quieres que ese mensaje llegue con la suficiente claridad, deberás aprender a utilizarla.

Naturalidad, credibilidad, convicción, seguridad Estas y otras palabras seguro que te han venido a la cabeza. Y es que, cuando se trata de hablar en público, todos aspiramos a mostrar esas cualidades. Y mostrarlas depende en gran medida de cómo usemos nuestra herramienta. De cómo nos usemos a nosotros mismos.

Y, una vez más, ahí están los nervios y la falta de práctica para conspirar contra nosotros.

Manos que sudan, rodillas que tiemblan, voces tímidas, monótonas, atropelladas, poco audibles, movimientos mecánicos, pasos que no van a ningún sitio, formas de caminar extrañas, jugueteos sin sentido con cualquier objeto, sequedad en la boca, temblor en la voz, palpitaciones… Todos los síntomas posibles del estrés incidiendo directamente en tu principal herramienta; y afectando, sin duda, a su eficacia.

“Suena bien, Fermín. Muy bonito hasta ahora. Pero ¿Qué diablos hago con la herramienta de marras cuando se niega a obedecer?”   

LA TÉCNICA TEATRAL ES LA TÉCNICA DEL USO DE TUS HERRAMIENTAS EXPRESIVAS.

 El entrenamiento vocal y corporal de un actor no se acaba nunca. Cada nuevo personaje, cada proyecto, cada director suponen un nuevo reto; diferentes exigencias; la búsqueda de nuevos límites para nuestra expresividad.

No obstante, siempre trabajamos con una base. La voz ha de llegar con claridad hasta el final de la sala. Y el gesto ha de acompañar de forma coherente y natural. Esa es la base primordial. Si no se te oye, no hay Hamlet. Y si no ven lo que haces, tampoco hay Julieta.

Y eso es lo que tenemos que dominar como oradores. Una presentación no ha de ser un derroche de expresividad. No jugamos con situaciones extremas. No se nos presenta el fantasma de nuestro padre asesinado, ni nos despertamos para descubrir al amor de nuestra vida muerto ante nosotros. Basta con conocer y practicar esa “base expresiva”. Los resortes de nuestra voz y de nuestro cuerpo que nos permitan explotar nuestro:

MODO ESCENARIO

 Todos nos comportamos de forma diferente en situaciones diferentes. Imaginemos una comida en casa de tus suegros, una con tu grupo de amigos y otra tú solo un día de trabajo… Sabes por dónde voy, ¿verdad? Todas en un escenario parecido (un restaurante), en todas la misma actividad (comer) y en todas el mismo protagonista (tú). Siempre eres tú, pero explotando diferentes aptitudes y actitudes. Tú en diferentes “modos”. Eso es lo que quiero proponerte también para tus presentaciones en público.

El Modo Escenario nunca se te va a olvidar. Foto: Klaus sandrini.

El modo escenario no es más que el uso de tus herramientas expresivas de forma consciente y deliberada con un propósito concreto. Usar tu voz para que se te escuche con claridad. Usar tu cuerpo de forma fluida y natural. Y todo para hacer llegar tu mensaje de forma inequívoca. Con naturalidad, convicción y seguridad, como decíamos antes… (y sí, me dejo la credibilidad para el próximo post con toda la intención).

El modo escenario te permitirá mostrar todas esas cualidades sea cual sea el mensaje de tu discurso. Una vez lo domines, podrás usarlo en cualquier auditorio y ante cualquier audiencia. No es más que la base del entrenamiento actoral (el más efectivo en un escenario) aplicada a tus necesidades como orador. Simple, coherente y efectivo.

Pero, no por simple, este método está exento de trabajo. Veremos cómo entrenar nuestra voz  y nuestro cuerpo con ejercicios simples, pero que requieren dedicación. La buena noticia es que esto es como montar en bicicleta: una vez aprendas, no se te va a olvidar.

Este blog no es sólo para expertos, o para personas que hablen en público asiduamente. También está orientado a aquellos que lo hacen esporádicamente, y a aquellos que nunca lo han hecho. Por eso el objetivo no es sólo proporcionar técnicas efectivas, sino también sostenibles en el tiempo. Y el modo escenario que os he presentado hoy es, sin duda, una de ellas.

Y como me gustó eso de acabar con una cita de Hanníbal Lécter, creo que voy a hacerlo siempre. Así que:

“A más ver…”

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